lunes, 14 de marzo de 2011

Mas Alla de la Sicologia

MAS ALLA DE LA PSICOLOGIA

INTRODUCCION

Teniendo así la seguridad de que no construiré un nuevo mo­nólogo, emprendo la tarea de ofrecerte un ensayo de síntesis sobre las relaciones que existen o pueden existir entre la vida espiritual y algunas corrientes actuales de psicología y de psicoterapia.

Al mismo tiempo, pretendo mostrar la otra parte de esta mis­ma realidad, Quiero decir que, si por un lado la psicología favorece la vida espiritual, también, a su vez, la vida espiritual estimulo y facilita el crecimiento humano de las personas y de los grupos.

Este es mi objetivo: que aprovechemos la psicología para unir­nos con Dios Trino y que, al mismo tiempo, descubramos la ener­gía humanista y humanizarte de las relaciones en fe, esperanza y amor, con cada una de las Personas Divinas.

Durante ocho años tuve la dicha de ser asesor de la pastoral de la Universidad de Chile de Santiago, de una comunidad de la Escuela de Psicología, en este servicio me di cuenta de la ausencia de. lo . Trascendente en esta disciplina del saber humano.

Quisiera aportar a mis hermanos psicólogos esta rica experien­cia de 15 años, que ha sido exitosa gracias a la armonía lograda al trabajar conjuntamente con la psicología y la espiritualidad de la Iglesia de hoy. (Vaticano II, L. G.)

Me he dado cuenta que la persona es Una sola.

Dedico este trabajo al que fue mi maestro LUIS JORGE GONZALEZ.

Este trabajo está realizado en base a los apuntes tornados en sus clases, con algunas reflexiones personales.

Agradecido, quiero compartir este trabajo esforzado, con los jóvenes responsables de la Familia Encuentro. Encuentro de Niños en el Espíritu, Encuentro de Jóvenes en el Espíritu, Escoge, En­cuentro de Parejas Responsables, Encuentro en le Fe, Encuentro de Cursos, Encuentro de Mamás, Encuentro Bíblico Juvenil.

Mi "espíritu" no significa una parte de mí, sino mí manera particular de existir. Está en todo mi ser y en mi”espíritu”que no morirá. El modo o manera de existir en mí es lo que se llama persona hombre o persona mujer.

De los seres de esta creación terrena "somos únicamente nosotros las personas que "existimos para siempre”.

Esto significa que podemos "estar fuera de",”trascender,” "romper las cadenas", "salir de nosotros mismos", ser capaces de negarnos a aceptar una realidad como definitiva.

Mi espíritu es lo que me hace diferente de los animales. Mi realidad de hoy ya no es la misma de mañana, y diferente es al resto de los días de mi vida terrena que me quedan.

Por esto yo me siento pertenecer al Reino de las personas.

LAS TRES PERSONAS DIVINAS;

Las personas incorpóreas creadas (ángeles) y las corpóreas creadas en gracia conforman. este cielo infi­nito. Mi persona es mi yo íntimo, libre, con ansias, de amar y ser amado, ser útil y que lo reconozcan y hambre de eternidad.

Las personas hacemos lo posible por estar más “acá" a lo infinitamente posible. -Lo posible excede con creces de lo real. Estamos abiertos a millones de posibilidades. Un mundo maravilloso y pleno se abre ante nuestros ojos y a veces somos tan ciegos que no lo vemos y nos encerramos sólo en lo real, en lo que lograrnos per­cibir a través de nuestros sentidos.

La futurología está abierta a nosotros, no deberíamos abarcar sólo lo real, sino más allá. Poseemos la facultad de la fantasía que los animales no tienen. Muchas veces podemos agregar cosas nuevas a lo real, no aceptamos (no deberíamos aceptar) detenernos, siempre estamos en búsqueda. Detenerse significa morir, no existir.

Estamos orientados al más allá. Ser persona abierta, además de tener una excelente comunicación cálida, significa trascender a la simple factibilidad de lo real.

Con palabras más simples: yo existo como persona en la medi­da que salgo de mí en la medida que me doy a los demás y me en­cuentro con El, en un abrazo de amor infinito.

Esta es la Psicología divina de la cual nos damos cuenta los que buscamos y sentimos.

Si todos los papás usan una Psicología para resolver los pro­blemas, dificultades con sus hijos, con mayor razón mi Padre Dios tiene la suya con cada uno de nosotros.

El respeta mi libertad, me hace crecer hasta que me de cuenta que El siempre me ha curado y me espera.

T Q M PEPE FORBES sdb.

LA VIDA ESPIRITUAL

Para empezar iré repasando algunos de los significados que sue­len ser atribuidos tanto al adjetivo "espiritual" o al sustantivo "espi­ritualidad" como a la expresión "vida espiritual".

En términos generales, "llamase espiritual a todo ser que no depende de la materia ni en su existencia ni en sus operaciones" Y así, se enumera entre los seres espirituales a Dios, al alma humana, etc.

Para algunos otros, lo espiritual es referido a ciertas actividades más propiamente humanas o humanizantes, como puede ser el arte, la ciencia, la filosofía, ETC.

La espiritualidad escoge como objeto lo más central, lo más puro y lo más vivo de la religión: las relaciones íntimas del hombre con Dios.

Restringiendo aún más el sentido de lo espiritual, podemos colocarlo en el marco del Cristianismo. Y, a la luz de la Biblia, un hombre es "espiritual" cuando todo él y todas sus acciones están marcados por el modo de ser del Espíritu Santo.

Por el Espíritu que es "amor, alegría y paz". Por el Espíritu que configuró e impulsó a Jesucristo. Por el Espíritu que une al Padre -y al Hijo;; y que con Ellos constituye el único Dios verdadero.

A la luz de la historia de Cristo, resulta evidente que la "vida espiritual" equivale a vida cristiana. 0, más exactamente, "el cristia­nismo aparece como una forma de "vida espiritual" en la que nuestra relación más personal, más íntima, con un Dios, también lo más personal en su realidad trascendente, está plenamente reconocida y formalmente cultivada".

PSICOLOGIA

Ya antes aludí a que "ahora, la palabra 'psicología' es usada generalmente para referirse a la ciencia de la conducta y de la expe­riencia humana"

Aparte de este concepto ya aceptado, es útil pensar en algunas de las divisiones fundamentales de la psicología.

Ante todo se distingue la psicología humana de la psicología animal. Dentro de la humana, encontramos la "general", "evo­lutiva", "diferencial", "social" y "anormal".

La psicología general "estudia la conducta humana en general, tal y como puede ser la de un hombre maduro y normal"

La psicología evolutiva se ocupa del desarrollo del comporta-, miento humano de acuerdo a cada una de las etapas del crecimiento. Es decir, explica la aparición y evolución de las diferentes conductas descritas por la psicología general. Por ejemplo, el pensamiento, las emociones, el aspecto corporal, la percepción, la fantasía, ETC.

La psicología diferencial, va a fijarse, específicamente, en el in­dividuo concreto en cuanto que es único e irrepetible en la manera de realizar las conductas humanas. Los europeos, hace algúntiempo, preferían hablar de caracterología, mientras que los america-s nos han acuñado el término "personalidad" para referirse a lo característico de un sujeto'.

En cambio, es más amplia la palabra "diferen­cial", puesto que insiste en otros aspectos como el social, el sexual, ETC.

La psicología social estudia al hombre en cuanto que está integrado a un pequeño grupo donde la "interacción" es fácil y di­recta. Al mismo tiempo se ve a la persona como parte de la sociedad en que desempeña determinadas funciones

dentro del sistema de papeles propios de la colectividad. Por último, también se toma en cuenta el influjo de la estructura cultural que marca tanto a la so­ciedad como a los individuos.

La psicología anormal estudia los desajustes de la personalidad

o el mal funcionamiento de las conductas de un sujeto determinado. Los autores de hace algunos años hablaban de "enfermedades mentales". Pero actualmente se rechaza el modelo médico. En lugar de hablar de "paciente", "enfermo", "curación", etc., se habla de "crecimiento personal", "dificultades en el crecimiento", "actualiza­ción del Yo", etc.

CONCEPTO DE PERSONA JOVEN

Para los intereses que persigo, me resulta imprescindible pre­cisar, aunque sea brevemente los rasgos y la naturaleza propia del hombre joven.

Con este fin repasaré lo que al respecto nos dice la Biblia. la filosofía y la psicología.

LA PERSONA EN LA SAGRADA BIBLIA.

Ante todo, el hombre bíblico es obra de Dios, fue creado por Dios. Y hay dos narraciones diferentes que nos describen la creación de la persona hombre.

En la primera narración el hombre es presentado como "imagen de Dios". Y este hecho constituye el centro "de la antropo­logía del Antiguo Testamento".

Pues supone que la persona hombre puede auto poseerse, dominar el mundo o servidor de Dios adorán­dolo.

Esta misma narración entraña un juicio sobre la igualdad de la “personas” hombre y mujer. Ambos fueron creados por Dios y a imagen de Dios.

La segunda narración parece insistir más en el aspecto terrenal y ecológico del hombre. Pues Dios, visto con mentalidad antropo­mórfica, es captado como un artesano o alfarero que hace al hombre de. barro, De ahí que, por su misma índole, el hombre es parte de la naturaleza humana forma un todo vital con ella.

Se habla de "carne" cuando el hombre es considerado como "débil" ó de acuerdo a su apariencia externa.

Con la palabra "alma" se designa al hombre integral, dotado de cuerpo, pero en cuanto que es "viviente", "el ser viviente" o "el Yo vivo", es decir, "lo que hay de más profundo en mí" mi espíritu creado por ÉL.

Al hablar de "espíritu se piensa en el todo lo vivo que es el hom­bre. Sin embargo, la atención está enfocada a la fuerza que anima al hombre y le da el poder para la acción.

Y también, por ser espíritu, el ser humano puede relacionarse con Dios que es "ESPÍRITU TOTAL".

En realidad, es Dios quien da el "Espíritu" que vivifica y fortalece a la persona hombre.

Y así, el espíritu es el punto de contacto entre Dios y el ser humano.

En la Biblia también suele hablarse del corazón humano para señalar la base del entender, del amar, de la conciencia, de la creatividad, etc. Especialmente designa el centro, lo más profundo e íntimo de la persona humana. Tanto, que sólo Dios puede conocerla y amarla cabalmente como persona. Hija humana.

Estos conceptos que designan a la persona como totalidad, nos sugieren que el interior del hombre está integrado a base de re­laciones. Y este tema de las relaciones se repite frecuentemente, aunque implícitamente, a lo largo de la Biblia.

Es por ello que persona hombre necesita de los demás para poder llevar una existencia digna de tal nombre. Para empezar a vivir necesita de los padres, de los hermanos, de los amigos, de la esposa, etc.

Muy en especial, el hombre del Antiguo Testamento necesita pertenecer al "pueblo escogido" para poder relacionarse con Dios.

Por otro lado, el hombre es visto por la Biblia como persona. Esto quiere decir que es un individuo libre y responsable.

En suma, puede afirmarse que el Antiguo Testamento tiene un concepto optimista y positivo del hombre, no obstante que sea res­ponsable de sus pecados

Jesús considera a todos los hombres como pecadores. Pero ofrece su vida y su amor, precisamente, para redimirlos y libe­rarlos. Con su petición de perdón, muerte y resurrección, adelantadas en la última cena, Cristo celebra una alianza nueva que abre la posibilidad de nuevas relaciones entre Dios y los hombres.

Se trata de la "nueva alianza" prevista por los profetas y que transforma al hombre desde su interior, pues le da la fuerza suficien­te para que pueda cumplir los preceptos que Dios le ha dado para su felicidad.

La transformación viene porque Dios cambia el "corazón"; mientras que la fuerza para seguir las orientaciones del amor divino nace del mismo Espíritu de Dios, que es dado al hombre me­diante el bautismo, gratuitamente porque nos ama como nadie.

De esta forma, el hombre es liberado para que pueda amar, para que goce la alegría de Cristo, para que pueda producir muchos frutos al actualizar los "talentos" recibidos.

Todo esto supone que el hombre abandona el pecado convir­tiéndose y creyendo al "anuncio de felicidad" predicado por Jesús; Y es por el camino de la fe y del amor al prójimo como el ,hombre se va acercando a Jesucristo, cuya imagen tuvo pre­sente el Padre cuando creó al ser humano.

El hombre del Nuevo Testamento aparece como un proceso humano -espiritual que, liberándose del pecado, camina por la fe la esperanza y el amor, hacia la comunicación ontológico-personal con Dios Padre, por medio de Cristo y en el dinamismo del Espíritu Santo.

Al mismo tiempo, esta triple relación empuja al hombre a la unión cordial y realista con el prójimo que es su hermano. Y, por otro lado, el cristiano sabe bien que este mundo pasajero también participará de la gloria de los hijos de Dios y que, por lo tanto, tiene que cuidarlo y transformarlo para preparar el día que será transforma­do en una "tierra nueva".

Así, el "hombre nuevo" creado en Cristo, es persona, es dina­mismo, es relación, es capacidad de cambio, es alegría, es talento creativo es amor transformante, es paz ordenadora, es poseedor del Espíritu de Cristo y del Padre. La pena es que el hombre no se convierte y no se transforma en lo que puede llegar a ser.

EL CONCEPTO SICOLOJICO DE PERSONA HOMBRE

Ahora bien, quiero destacar que entre los más recientes filóso­fos, y partiendo desde muy distintos marcos conceptuales, hay una clara coincidencia en cuanto al tomar a la persona hombre como una totalidad También ha habido un movimiento muy fuerte para considerar al otro como persona concreta, al que estoy tratando con el mayor respeto ahora.

Persona es una mismidad y totalidad que está dispuesta a morir por lo que ama, que fue creada y conservada por Dios Padre, que tiene valores como la creatividad, libertad, justi­cia, responsabilidad, que comparte como persona , que vive por mi­llones de años, inviolable, sagrada.

En este último sentido, se acentúa mucho el aspecto de relación con el . Es decir, el hombre se va volviendo persona mediante las relaciones profundas consigo mismo y con sus pares.

Por otro lado, el hombre es también ,un ser aislado, separado y se realiza como mismidad. Es por este doble aspecto de apertura y mismidad que "el concepto de persona es discutido en su significado por la actual antropología filosófica...

El hombre se experimenta originariamente a sí mismo en su apertura al mundo y en su comuni­cación con el prójimo, pero, a la vez también en su diferencia frente al otro. En la apertura al prójimo y al mundo radica a la vez la aper­tura para algo superior. La cuestión sobre la manera en que el hom­bre realiza esta referencia como religión es un problema que pertene­ce a la antropología filosófica y apunta simultáneamente más allá de la misma".

EL MODELO DE PERSONA EN PSICOLOGIA

Apropósito del psicoanálisis, recordaré algunas de las ideas básicas de su fundador: S. FREUD.

Aunque FREUD. copio algunos de sus contemporáneos, era positivista, no cayó en el reduccionismo. Por lo mismo, no redujo los fenómenos del comportamiento humano a meros procesos de la ma­teria orgánica. Por el contrario, reconoció que la vida psíquica no es un continuo de la energía física sino un derivado de ella, por lo cual no puede ser percibida y estudiada con los métodos de la ciencias naturales".

Sin embargo, FREUD no puede dejar de ser un producto de su tiempo. Y no se escapa de cierto determinismo biológico. Aunque reconoce el influjo del medio ambiente.

A nivel de teoría de la personalidad, FREUD hizo primero una descripción topográfica del Hombre. consciente, subconsciente e inconsciente.

Después completó este modelo al considerar la personalidad en forma más dinámica. Entonces, habló de tres instancias o resortes como componentes del aparato psíquico: Yo, SUPER-YO y Ello.

En el Ello reside la fuerza del individuo en forma 'de instintos PULSIONES:

Se suele considerar a J. B . WATSON como el fundador del . conductismo ("BEHAVIORISM"). Este autor considera al hombre como puro organismo y, por consiguiente, lo coloca en el mismo plano de los demás animales. El resultado es un hombre mecanicista, cuyas conductas son el efecto de los condicionamientos adquiridos por las respuestas a los estímulos ambientales.

Se comprende que esta corriente tiene un gran parentesco con las teorías reflexológicas de PAVLOV y sus sucesores. Dentro del conductismo han ido apareciendo enfoques dife­rentes. Todos ellos, sin embargo, coinciden en'' cuanto, a lo esencial.

Entre los conductistas descuella notablemente B. F . SKINNER. El es el descubridor del "condicionamiento operante". considera al hombre cómo el resultado de los condicionamientos producidos por el ambiente. Es por ello que simpatiza con la idea de que "el hombre es una máquina".

La psicología humanista aborrece que el otro sea tratado como cosa o como "organismo". Y aunque reconoce las "virtudes" de la "psicología científica" o conductismo, no puede olvidar sus defectos. Uno de estos defectos "es el conato por excluir del campo de la psicología la experiencia o conciencia, y definirla como el estudio científico de la conducta exclusivamente".

La psicología humanista también tiene sus defectos, no trasciende y tiene la virtud fundamental de tomar al hombre como persona que crece

J. F. T. BUGENTAL, ex-presidente de la Asociación de la Psico­logía Humanística, señala las siguientes características de esta corriente:

1) La persona es el centro de la psicología. Los psicólogos huma­nistas se oponen a que los datos obtenidos en ratas, monos y palomas sean usados como si fueran equivalentes para estudiar al hombre mismo.

2) La persona es más que el total de sus partes y debe ser estudia­do como una unidad orgánica trascendente.

3) La Psicología Humanística concede un altísimo valora la liber­tad individual. Quiere ayudar al individuo a que él mismo prediga y controle mejor su propia vida.

4) BUGENTAL contras­ta esto con el conductismo qué con mucha frecuencia ha sido empleado para "servir a aquellos qué tratan de predecirla con­ducta de otras personas y controlarlas".

5) Los criterios humanísticos para determinar el valor de los descubrimientos en la investigación, subrayan la importancia de los objetivos, humanos más que la de los no humanos.. . Y se incluyen afirmaciones como las siguientes: "el hombre es consciente, el hombre puede elegir el hombre es responsable, "el potencial del hombre es mucho mayor de lo que hasta ahora hay actualizado"

Creo que es posible afirmar que la psicología humanística con­sidera al hombre como persona. Y este concepto supone, funda­mentalmente, que el hombre es. 1) único, 2) con libertad herida, 3) ama, 4) responsable, 5) trascendente.

Profundo toda aquella Psicología que admita actividades dinámicas, psíquicas, incons­cientes".

No obstante los límites que se le reconocen a la postura de Freud, como el reducir su visión del hombre al archivo de sus impul­sos en el inconsciente mediante la represión, sin integrarlos en un sistema, de vida más amplio, por lo que todo se reduce a un determi­nismo, es preciso reconocer y hay pruebas de ello, que el inconscien­te existe y que tiene una influencia en el ser humano, más aún, el inconsciente es parte del ser humano:

"No se puede negar que, por medio del estudio psicológico del subconsciente, nuestros conocimien­tos del hombre y nuestros medios para curarlo han sido ampliamente mejorados"

Es precisamente a partir de su descubrimiento y que su influen­cia dinámica en la vida psíquica que toma cuerpo la Psicología de lo Profundo. El mérito de este descubrimiento pertenece a Freud. Es preciso recordar que el inconsciente no sólo entra a formar parte activa en la formación de patologías manifiestas o latentes, sino que también interviene en la formación y manutención de las así llama­das Inconscientes.

Las investigaciones de P. RULLA constatan que en el 60 - 80% de las personas están presentes dichas inconsistencias.

Las inconsistencias ponen a la persona en un estado de tensión interna. cuyo origen es desconocido para ella. Se puede decir que en­tra en juego la autenticidad del estilo de vida.

"Se entiende por autenticidad la coincidencia entre los motivos conscientes y racionalmente evocados y las motivaciones o impulsos inconscientes que se esconden. Si hay acuerdo entre los dos niveles, la perso­na se siente unificada y esta unidad tonificante se expresa a vez con comportamientos que inspiran confianza.

Si por el contrario, hay desarmonía entre los dos estratos... la persona se siente en manos de fuerzas que escapan a su control, la autenticidad que resulta no es querida por la persona en el plano moral: la persona se acusa de no ser verdadera o de falta de simplicidad y sinceridad”.

Desde luego renuncio a presentar alguna definición. Creo, con G. MARCEL, que el hombre es un misterio. Esto quiere decir que la persona es inabarcable e indescriptible. Por tanto, sólo señalo algunas características que retengo útiles para los objetivos del presente ensayo.

Ante todo me interesa subrayar que el hombre es un todo, una totalidad organizada. Pero no sólo en sí mismo sino también en sus relaciones con el ambiente. También forma un todo con su realidad ambiental. Es por ello que aunque se refiera a la persona como ser aparte, en el fondo, lo quisiera describir como ser-diferente-en relación de comunión y trascendencia.

También quiero recalcar que el hombre es proceso o devenir. Igual que todos los vivientes, está sujeto a la ley biológica del creci­miento. Es por ello que naturalmente lleva en sí la fuerza que lo impulsa a cambiar, a desarrollarse, a madurar.

Por otro lado, me doy cuenta que el hombre se sitúa más allá de la capacidad de actualización. Quiero decir que no puede limitar­se a desarrollar o a llevar a plenitud sus potencialidades, como si el ambiente fuera un simple medio para que el individuo se realice. Y porque el hombre es capaz de traspasar sus propios intereses para tratar a los demás como un fin valioso por sí mismo, resulta entonces un ser espiritual.

"Pues espíritu significa, en el hombre, compartir de persona a persona y trascendencia y posibilidad de participar en lo que se halla más allá del individuo y su interés inmediato".

Justamente esta capacidad de autrascendencia es lo que hace del hombre una persona. El hombre no es tal sino en el encuentro con el tú personal. Pero si esto es válido. en las relaciones con el tú humano, lo es, sobre todo, en la comunicación personal con el Tú eterno. Y, en realidad, el hombre no llega a descubrir su plena talla como "persona", más que en la relación de tú a tú con Dios. Gracias a los dones del Espíritu Santo.

El hombre joven es tan grande (a imagen de Dios fue creado…) que no calza en una definición estática, es un misterio (esto es una maravilla que es inmortal).

LAS PERSONA JOVEN CON FE DIVINA.

Este capítulo tiene el objeto de recoger datos acerca del hecho religioso que sólo se da en el ser humano. Desde luego que no será posible recopilar exclusivamente datos observables o mensurables.

Como el título lo indica, me interesa señalar sólo los linea­mientos globales que se permiten presentar el fenómeno religioso como un hecho real.

LA HISTORIA DE LAS DISTINTAS FE

Para no pecar de superficial prefiero adoptar una descripción.

Simpatizo con quienes describen la religión como un: hecho que implica la vida de toda de la persona. Su afectividad, su inteligencia; su cuerpo, su relación e integración social, su actividad, ETC. Con­cretamente, al hablar de religión, me estaré refiriendo a todas las conductas y experiencias con que el hombre integral se relaciona con el Absoluto.(FE)REGALADA

Al hablar de "experiencias" me refiero a todas las manifesta­ciones de lo Sagrado que YO COMO PERSONA he descubierto en el mundo. Y me valgo del término "conducta" para indicar todo aquello que yo siento, me doy cuenta y hace por el Absoluto.

"La tendencia actual es "volver a sentir"; registrar, en mi originalidad y con su complejidad, los sis­temas religiosos(fe) que han sido o son practicados en el mundo".

Los datos que la historia recopila pueden ser divididos en dos grupos: las hierofantas (manifestaciones de lo Sagrado) y las activi­dades religiosas del hombre (mitos, ritos, cultos, símbolos, experiencias místicas, etc.)

La historia ha tenido que enfrentarse, entre otras cosas, con la experiencia ambivalente de lo Sagrado. El hombre siente atrac­ción y repulsión ante lo Absoluto. Este hecho produce una serie de mixtiones: de lo sagrado y lo cósmico, de lo sagrado y lo erótico, de lo sagrado y lo demoníaco, del tabú en sí mismo.

SOCIOLOGIA DE LA FE

Psicología religiosa considera imprescindible la aportación .. la sociología. Porque la religión no se realiza plenamente a nivel INDIVIDUAL, sino que requiere el elemento interpersonal y social.

La sociología considera el comportamiento religioso como cualquier otra actuación social. "Por ello se dice que es una actua­ción con sentido, cuya comprensión únicamente es posible a partir de las vivencias, representaciones y finalidades subjetivas del indivi­duo".

Esto significa que la conducta religiosamente motivada, igual que las demás conductas sociales, es "intra mundana". "Con lo cual el carácter sobrenatural y trascendente de la religión queda asocia­do al acto por el que el hombre da sentido y se lo considera como dado con la existencia del hombre en cuanto ser actuante. Definiti­vamente desaparece el problema de la esencia (trascendente) de la Fe.

Por estos caminos la sociología nos ayuda a tomar la religión como realidades humanas que tiene lugar en el tiempo y en espacios mundanos. En este sentido la sociología se aprovecha de la historia, pues ésta demuestra "que la religión ha tenido, a lo largo de la his­toria de la humanidad, una influencia clara y marcada sobre la so­ciedad".

LA FILOSOFIA Y LA RELIGION

Desde hace siglos y, muy en especial en la cultura griega, se ha considerado a la filosofía como un camino para acercarse al Abso­luto .

"La filosofía lo busca por el camino del pensamiento, median­te conceptos y deducciones que se refieren a la existencia y a la na­turaleza del mundo. Apela siempre el “LUMEN NATURALE”, a la luz natural

de la razón y del pensamiento, busca lo absoluto por el camino de la reflexión pensante".

Con el tiempo, las deducciones del pensamiento que llevaron a algunos filósofos a la conclusión de la existencia de Dios, se convir­tieron en "pruebas de la existencia de Dios". Lo cual no impli­caba ya el proceso de búsqueda personal y

la convicción subsiguiente de haber tocado, con las manos de la razón, al ser maravilloso y tremendo.

En la teodicea, se distinguían tres partes:

1) La existencia de Dios.

2) La naturaleza de Dios.

3) Dios y el mundo.

En la primera parte se trataba el asunto de la necesidad y posi­bilidad de la demostración de la existencia de Dios. Luego venían las pruebas de que Dios sí existe: las pruebas metafísicas y las morales.

La segunda parte se ocupaba de los atributos divinos: en gene­ral, los entitativos y las operativos.

Con la última parte eran abordados los temas de la distinción de Dios y del mundo, así como también el de la creación y la provi­dencia. En conclusión, es posible afirmar que la filosofía y, concreta­mente la filosofía de la religión, tiene todavía mucho quehacer en nuestros días. Y su labor parece encaminarse por las sendas de la promoción negativa (críticas) y positiva clarificaciones de una reli­giosidad más madura y más recia.

Los datos de la historia y de la sociología abonan la idea de que la religión es un hecho profundamente humano. Sin embargo, la filosofía de la religión nos obliga a dejar ciertas posturas excesiva­mente seguras acerca de la naturaleza religiosa del hombre. Si bien el proceso de la religión había apoyado. a la historia, sociología, sin embargo, las críticas más recientes nos empujan a la humildad de revisar nuestras posiciones para fundamentarlas mejor aprovecharlas más en el “compartir” con el mundo ateo y secularizado de nuestros días.

LA SICOLOGÍA DE LA FE

Los temas que voy a tocar, tratando de recoger los datos que la psicología nos ofrece acerca de la religiosidad del ser humano, son éstos: las raíces psicológicas de la religión, el proceso humanó que va de la experiencia a la actitud religiosa, las etapas de la evolución religiosa, la experiencia cristiana y, por último, el psicoanálisis y el cristianismo.

LAS RAICES PSICOLOGICAS DE LA FE

Nuestro trabajo parte de la Evidencia, de la presencia del Señor Resucitado, de su palabra viva, de su realidad visible, su cuer­po místico, su iglesia.

Hay muchos que rechazan toda posibilidad de acercamiento psicológico a la religión. Porque, dicen ellos, la esfera de Dios no puede ser abordada por los métodos y técnicas de la psicología.

Nos toca, ahora, tratar un tema de más raigambre psicológica: el de las motivaciones.

Ellos tienen razón cuando quieren prevenirnos en contra del psicologuismo. Pues podemos caer en el doble extremo, de reducir la religión a meros procesos psíquicos carentes de un objeto real (Dios), o de querer llegar a Dios por medio de actividades puramente psicológicas. Los encuentros llegaron a Dios por la palabra, su igle­sia, FE.

Para mí existen el reino animal, vegetal, mineral y el de las per­sonas, en las que están incluidas las personas corpóreas e incorpóreas. Las Personas Divinas, por supuesto, son el centro, principio y eje de todo. YO SOY DEL REINO DE LAS PERSONAS.

MI CUERPO, Símbolo de mi Yo Personal. (Símbolo es algo visible que trasmite algo invisible).

En todo caso, yo no quiero olvidarme del cuerpo. Pero, me permito volver a aclarar, que no pienso en él como si fuera una mitad, una parte autónoma de la persona. El cuerpo es la persona considerada desde el ángulo de la apariencia externa o, mejor, de la composición ANÁTOMO-FISIOLÓGICA. Lo que ocurre, pues, en el cuerpo, afecta a la persona integral.

"Nos has hecho para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti".

Cuando tenía 18 años al darme cuenta que nada me satisfacía plenamente, descubrí dentro de mí esta pulsión a lo infinito.

Después de este largo paréntesis, vuelvo al tema del cuerpo. Y comienzo mis consideraciones recordando un hecho fundamental: fuimos creados a imagen de Dios y esto también en cuanto cuerpo. Además, Dios se hizo cuerpo por nosotros en Jesucristo.

Esto parece ocurrir ante ciertos acontecimientos que implican el cuerpo de una manera intensa. Me refiero a dos hechos íntima­mente relacionados con la vida: la sexualidad y el dolor.

Entre los pueblos primitivos es fácil encontrar el tabú sexual que estaba relacionado con lo sagrado o. por lo menos, con lo mági­co. Quizá en nuestro tiempo, debido al secularismo. el cuerpo es difícilmente captado como "símbolo" de lo sagrado o como posible lugar de encuentro o como principio de "deseo" del Absoluto.

Por otra parte, justamente al tocar este tema, pretendo invitarte a ti lector a un revaloración religiosa de su cuerpo. Tanto más si el lector es cristiano. Para llegar a esta revaloración es muy importante el doble contacto. con el propio cuerpo hasta sentirse cuerpo animado y también, con Dios, hasta percibir por la fe que El está reflejado en la semejanza e imagen suya que es el cuerpo Anima­do u hombre.

Veamos de qué forma la percepción, un acto psíquico, puede servir de puente para captar a Dios en el mundo.

Ciencia + espiritualidad + cosmo = hombre.

Para los pueblos primitivos era fácil percibir, por diversas razo­nes, que la naturaleza y el mundo eran una "HIEROFANÍA". Ellos eran capaces de captar el inundo como huella o símbolo de Dios.

Esto no ocurre, sin embargo, con el hombre contemporáneo. Al menos, es el caso de la gente de ciudad, en especial de los ACADÉMICOS. Los resultados de las encuestas cambian en el caso de los campesinos y de los estudiantes de literatura.

La Biblia nos presenta el mundo como lugar de encuen­tro con Dios.

La psicología humana, a nivel de percepción de la realidad, se muestra igual que el cuerpo, como un puente para captar la renace Dios en el mundo.

Es por eso que ciertas corrientes de psicología que nos entre­ en el uso vivo de la percepción, resultan de gran ayuda para reaprender a entrar en contacto con la naturaleza y con el mundo en general. Éste es el caso de la "terapia Gestalt".

Tal vez, los cristianos podríamos combinar las enseñanzas de la actual psicología con las prácticas de los místicos para mejorar al mundo. De esa forma, podríamos gozarlos más al contem­plarlo como obra de Dios. Más adelante volveremos a tratar este tema. Por ahora, bástenos reconocer que sin la percepción no es po­sible recibir los mensajes que Dios nos envía. Pues Dios siempre se vale de signos y símbolos para hablarnos. Usa como signos a la natu­raleza, a los acontecimientos, a las palabras y, en particular, a su Palabra, encarnada en Jesucristo.¿Qué me esta diciendo Él con esto?

De este hecho deduzco que el cuerpo en sí encierra un paren­tesco, una cierta similitud con Dios. Por lo mismo, contiene un cierto germen de plenitud que no puede lograr por sí mismo. Es entonces cuando el hombre, especialmente el de otras épocas, puede apetecer al Todopoderoso.

¿ EL PARA QUÉ DE MI VIDA?

La motivación religiosa

Se prefiere la conducta motivada en lugar del de "instinto", porque en los hombres la actividad instintiva, que tienen en común con los animales, es bien limitada. En cambio, cuentan con ciertos impulsos que sólo son semejantes a los instintos, mientras que las diferencias son muchas. Por ejemplo el instinto, es determinado ge­néticamente, no tiene que ser aprendido, es inconsciente,, no desapa­rece ante la ausencia de estímulos, ETC.

Los motivos o pulsiones del hombre implican: necesidad, di­rección hacia el futuro, marcha hacia un fin. Este fin es, ordi­nariamente, un valor.

Por otra parte, no descarto que sea posible hablar de un moti­vo religioso.

El tema de la motivación religiosa es muy amplio. De alguna manera interviene la totalidad de la persona y, por lo tanto, es posi­ble que en las conductas religiosas intervengan tendencia o necesi­dades que, de por sí, poco o nada tienen que ver con lo religioso.

A la luz de lo dicho, creo poder distinguir dos grupos de moti­vos religiosos:

1) Los naturalmente no religiosos, y

2) El propiamente religioso.

Según esta teoría de la motivación religiosa estricta, "la esencia de la auténtica religiosidad y de los verdaderos sentimientos religio­sos no se halla satisfecha cuando el hombre llama a Dios por temor ante el destino y por la preocupación de su propia conservación, sino sólo cuando, gracias a la veneración, sabe que su existencia está li­gada a un PADRE Y SEÑOR superior, ilimitado y por tanto más allá de toda posibi­lidad de comprensión".

Además, "el conocimiento religioso se basa en un conocimien­to directo de Dios. La religión hace suyo un modo especial de conocimiento, la revelación que psicológicamente hablando, se halla enraizada en la esfera del "Ágape". No por ello debe ser SICOLÓGIZADO el conocimiento religioso, ya que es completamente lícito pensar que ciertas esferas de la realidad sólo son accesibles si previamente se desarrollan estados de conciencia determinados".

La utilización del término `valor", en el casó de la motivación religiosa nos permite ser más precisos. Porque, cuando el hombre busca un `valor" rompe los estrechos límites de Yo para reconocer que algo o alguien es valioso y digno de estima. Y esto es reconoci­do independientemente de las necesidades y urgencias del propio individuo. Se supone, además, que si el joven se orienta hacia el valor, lo hace "libremente" y reconociendo que aquel valor es un fin en sí mismo.

Si la motivación o tendencia nos impulsa hacia un valor que está fuera de nosotros, el encuentro con el valor buscado produce en nuestro interior un eco afectivo: la emoción. En caso de no encontrar el valor o estímulo deseado, se opera en mecanismo de la frustración.

Así; el descubrimiento del Absoluto despierta en nosotros el correspondiente "sentimiento religioso".

El sentimiento religioso

Líneas atrás señalé que, de acuerdo a algunas teorías, la emo­ción acompaña al proceso de la motivación. Según eso, ante la pre­sencia de un estímulo o valor o por razón de una estimulación inter­na, se despierta la tendencia o motivación. Hay luego un impulso hacia el valor en cuestión. Al encontrarse con el valor aparece una emoción. Esta emoción, gracias al impacto que produce en la corteza cerebral, es captada por el pensamiento. Entra luego en juego la vo­luntad que delibera y toma una decisión. A partir de allí surge la conducta o acción.

Se supone que alguna vez, a impulsos de alguna tendencia no estrictamente religiosa, se llega a percibir la insuficiencia y limita­ción de este mundo, 0 el sujeto tiene que enfrentarse con el conflicto vida-muerte. O se descubre que la ciencia es limitada y no revela el sentido de la existencia, 0 se sufre una frustración radical, a pesar del progreso científico.

Entonces puede despertarse en el fondo del ser la gana de algo o alguien que nos coloque más allá de la limitación del espacio y del tiempo. Se desea un Absoluto que pueda ayudarnos a superar "la relatividad y fugacidad del yo indivi­dual y le sustraiga a ella...

El concepto de absoluto contiene ya el factor de la supra temporalidad. Lo absoluto no está aquí y ahora, no se halla sometido a la ley de la temporalidad, de la variabilidad y de la fugacidad, sino que es supra temporal, eterno".

En cambio, feliz el que se ha encontrado con Dios. El senti­miento de plenitud que aparece en la conciencia de la persona es incomparable. "Por esto se comprende el hecho, importante desde 'el punto de vida caracterológico, de que el hombre religioso muestre una especial actitud, una confianza en el sentido del mundo y del destino, una inalterabilidad frente a todas la tribulaciones y peligros".

Más allá del pensamiento y voluntad

Para muchos de los seguidores, menos agudos, de Santo TO­MAS, la religión era cuestión de la inteligencia o de la razón. Para empezar, se podía descubrir la existencia de Dios por medio de razonamientos lógicos. Por este camino se podía llegar al extremo de decir que "la religión es, absolutamente, conocimiento verdadero" y "la región de la verdad eterna".

Sin llegar a estos extremos unilaterales, tenemos que admitir que la inteligencia juega un papel decisivo en la religión.

OTTO, el gran defensor del "sentimiento religioso", en un gesto de honor a la , verdad, declara:

"Para toda idea de Dios, pero muy singularmente para la cris­tiana, es esencial que la divinidad sea concebida y designada con rigurosa precisión por predicados tales como espíritu, razón, volun­tad, voluntad inteligente, buena voluntad, inteligencia, esencia divina y omnipoten­cia, unidad de sustancia, sabiduría y otros semejantes; es decir, por predicados que corresponden a los elementos personales y racionales que el hombre posee en mismo, aunque en forma más limitada y restringida".

En el cristianismo, Dios revela su Ser a través de la palabra que emerge de mi hemiferio derecho donde se anida el “AMOR”. Así, el hombre tiene una ayuda para relacionarse con El. Pues el hombre necesita la palabra para situarse en el mundo, para llegar a ser él mismo e, incluso para relacionarse con Dios en la ora­ción.

Por desgracia a nivel mundial trasmitimos la fe “cerebralmente”que es ni tibia ni caliente,” un solo mandamiento”les doy; que nos amemos todos.

Pero a pesar de reconocer la importancia religiosa de la pala­bra con la cual trabaja el pensamiento, debemos reconocer también sus limitaciones.

Límites a nivel humano y sobre todo, a nivel religioso. Por eso,"hay que salir al peso de, un equívoco que puede conducir a una visión parcial e incorrecta, y en la idea de que los predicados racionales los indicados y otros semejantes­ paran y agotan la esencia de la divinidad. Pueden dar ocasión a este equívoco el estilo y el caudal de conceptos que usa el lenguaje religioso y místico, el tono pedagógico de pláticas y sermones, y aun las mismas Sagradas Escrituras". Esta es una realidad que duele mucho.

Este equívoco ha tenido consecuencias fatales en el Occidente pues, tal parece que muchos nos contentamos con ser cristianos de nombre y de pensamiento. Y en consecuencia, abandonamos las conductas, la acción y el compromiso social con el prójimo. Esto luce ya antes, en el "gnosticismo', Actualmente, con la palabra "voluntad", se designa "el proce­so anímico humano por el cual se determina qué impulso debe ser realizado y que además alcanza de este modo la meta fijada contra todas las resistencias que se oponen a su realización".

También, en nuestra época, la voluntad es vista preferentemen­te como una forma de conducta. Aunque también puede implicar conductas internas. Según esto, la voluntad es vista como un proceso que, reco­giendo la fuerza de la motivación y guiada por la luz del pensamien­to, permite que la persona se entregue a la persecución de una meta.

Cuando los psicólogos de la corriente humanista hablan de libertad y responsabilidad, hay que pensar en la voluntad. En una voluntad que se ha desarrollado hasta convertirse en aptitud. Será, por lo tanto, el proceso dinámico que dé a la persona la capacidad de escoger, por lo menos, la actitud con que va a afrontar sus límites sociales, morales, psíquicos y biológicos.

Este tema de la libertad es capital en la vida religiosa. Pues ya dijimos que la motivación religiosa no se presenta como una necesi­dad instintiva que obligue a la persona a la adopción de determinadas conductas. Por el contrario, la motivación propiamente religiosa su­pone que el individuo escoge libremente el relacionarse con el Abso­luto. Esto nos lleva a concluir que una religiosidad madura, es prác­ticamente imposible sin una voluntad adulta.

PROCESO DE MI EXPERIENCIA A MI ACTITUD RELIGIOSA

La experiencia es un concepto más difícil, de describir. Al emplear tal vocablo solemos referirnos a una relación contacto directo con una cosa determinada. Que, si bien implica los sentidos u otro órgano de contacto, supone también la intervención del pen­samiento que interpreta los datos obtenidos.

Descomponiendo la estructura de la experiencia, se llega a di­ferentes opiniones acerca de su contenido conceptual. Para algunos es la serie de "datos de la mente o de la conciencia". Otros hablan de la observación directa de la experiencia fenoménica". Por último, se ha llegado a equiparar la experiencia con el mundo de lo puramente psíquico o de la conciencia o de los "suce­sos mentales".

Desde luego que estas mutilaciones engendran mayor o menor confusión. Por eso se impone la necesidad de adoptar un concepto que englobe todos los aspectos que integran el término "experien­cia".

Al usar, pues, el término en causa, entiendo "el hecho de sentir alguna cosa, en tanto este hecho se considera, no solamente como un fenómeno transitorio, sino como la prolongación y la invasión del pensamiento".

Finalmente, tomo la siguiente definición de actitud: "Es un estado psíquico - espiritual y neurológico de disponibilidades que ha nacido de la experiencia y ejerce un influjo rector o dinámico sobre las reacciones individuales frente a todos los objetos y situaciones con las que se halla en relación".

A las tendencias vitales corresponden valores vitales. A las ten­dencias del Yo individual corresponden valores de significado. Y a las transitivas les convienen los valores de sentido.

Todos estos valores son vistos como cualidades estructurales del mundo exterior y por lo mismo, con un contenido objetivo. Los valores vitales favorecen la vida en general que está pre­sente en el individuo. Los valores de significado son valiosos sólo en cuanto que resultan útiles para el individuo en cuanto que tiene un Yo autónomo.

Y los valores de sentido aparecen dotados de dignidad por sí mismos y no por la utilidad que pudieran prestarle al indivi­duo. Por consiguiente, son fines en sí mismos. Y cuando el hombre los estima, los acoge y los promueve, entonces "tiende a realizar su existencia con plenitud de sentido ligándose al mundo como un miembro dependiente de un todo".

Entre los valores que, valiosos por sí mismos, pueden dar sentido a la existencia, se encuentran el amor, el otro como persona, el sacrificio, la verdad, la creatividad, la moral como respeto del otro, el arte, la religión, la Fe, etc.

Al hablar ahora de experiencia de los valores, me refiero a que una persona haya experimentado la relación con cualquiera de los valores de sentido. Excluyo, por el momento, la experiencia religiosa que también sería una experiencia de valor, si hablamos con propie­dad.

Me doy cuenta que el haber gozado del arte, del amor, del trabajo creativo, del sufrimiento asumido, etc., supone la experiencia del rompimiento voluntario de los estrechos límites del Yo. Implica un proceso por el cual mi persona se entrega, se da cuenta, se comu­nica comparte.

Esto es importante en la perspectiva de mi experiencia religiosa. Pues ésta supone mi plena entrega y la donación de mi mismo. Si alguien ha aprendido a tratar a los otros como fin que merece atención, respeto, estima y amor, entonces sabrá hacerlo también con el Tú eterno.

Hay tanta verdad en esto, que algunas de estas experiencias tienen la propiedad de transparentarnos al Tú eterno. Eso ocurre, especialmente, a través del amor.

El encuentro con los valores de sentido puede alcanzar altos grados de plenitud. Es entonces cuando se habla de "experiencia cimera".(…cumbre)

La experiencia cumbre

La experiencia en sí es valiosa. Y al atenerla se descubre con más intensidad pudiera prestar.

La relación con el objeto es vivida en la alegría, la admiración, y el asombro, con un don activamente conseguido. Pero al mismo tiempo, se le recibe con respeto y humildad, como un don gratuito. que está más allá de todo mérito personal.

Su efecto, es el de calmar la ansiedad, la reducción de meca­nismos de_ defensa, de las inhibiciones y del control. Por otro lado, suscita un estado de simpatía que facilita la capacidad de acogida y de perdón.

Yo pienso que aunque no merezca el calificativo de "religio­sa", la experiencia cumbre puede ser considerada como pre-religiosa. En el sentido de que saca al hombre de sí mismo y lo hace emigrar hacia un objeto vivido como plenitud, como goce ilimitado, como un sentido para la existencia. No puede ser esto una especie de presentimiento del Ser Absoluto que hace bueno y beatificante al objeto de la experiencia cumbre.

La experiencia de lo Sagrado.

En realidad, él no pretende describir la estructura del senti­miento religioso. Sabe bien que su objeto, "lo numinoso" no puede ser definido. •Ni siquiera "puede enseñarse en el sentido estricto de la palabra: sólo puede suscitarse, sugerirse, despertarse, como en definitiva ocurre con cuanto procede del espíritu".

"El hombre se hunde y derrite en su propia nada, en su pequeñez. Cuando más clara y pura se le aparece la grandeza de Dios, tanto más reconoce su pequeñez y ,calidad de hijo".

Juntamente con lo tremendo, lo infinitamente magnético, surge el sentimiento de lo fascinante.. El Ser Absoluto atrae, fascina, embarga. Ante él, se experimenta el profundo deseo de entrar en contacto. Se presiente la presencia de la incomparablemente delei­table, del abismo de delicias, de lo infinitamente hermoso.

S. PABLO, citando el Antiguo Testamento, nos sugiere el aspecto fascinante de Dios, cuando dice: "lo que ojo nunca vio, ni- oreja oyó, ni hombre alguno ha imaginado.. .".

Es tan bello, tan deleitable, tan enorme, "lo que Dios ha preparado para los que lo aman", que no es posible describirlo. Nadie lo ha imagi­nado jamás. Nunca se ha visto cosa igual. La experiencia religiosa

Lo específico de esta experiencia, en relación con la anterior, es la superación de lo que puede ser descrito como puramente afectivo. Si la experiencia de lo sagrado es un sentimiento, en el mejor sentido de la palabra, la experiencia religiosa es un acto, una conducta, en el sentido más técnico del término.

Es una conducta que contiene una doble dinámica: de interio­rización y de exteriorización. Lo primero corresponde al aspecto '`integrador" del sentimiento de lo sagrado. La dimensión exteriorizante supone la aceptación (o rechazo) de Dios con el consiguiente esfuerzo por realizar las conductas que El sugiere a persona.

En esta perspectiva, para que se mantenga el equilibrio entre el acto interior y el exterior, se presentan tres exigencias.

La experiencia religiosa demanda un movimiento de adoración. Lo cual supone un profundo respeto para el que es "totalmente Otro". Y, el respetarlo exige que el hombre no se forme imágenes falsas de El; ni se construya ídolos. Por tanto, necesita purificar siempre sus relaciones con Dios, así como también con la realidad, ya que El me ama sin límites.

En segundo lugar, la experiencia religiosa pide un movimiento de humildad. Este nace de la conciencia de indignidad delante del que es infinitamente perfecto. Es por ello que la persona tiene que luchar contra la magia que implica un control de la divinidad a tra­vés de ciertos ritos.

Finalmente, mi experiencia religiosa exige un movimiento de invocación. Aquí encontramos un deseo de participación en la "sal­vación". Esta invocación se organiza dentro de los "tiempos sagra­dos" en los cuales el individuo se encuentra con sus congéneres y también con la divinidad. Claro está que, al mismo tiempo, sigue sintiendo la nostalgia de un encuentro más directo con la divinidad "fascinante" e infinita.

En los últimos años la experiencia religiosa parece tener dos exigencias más: una revaloración del universo. y un compromiso serio con el hombre a nivel de la Ciencia de la Alta Política (un mandamiento nuevo les doy AMENSE…). Aunque parezca redundan­cia, debo señalar que la experiencia religiosa tiene una gran variedad de formas.

A la luz de lo anteriormente dicho, asumo la siguiente defini­ción de experiencia religiosa: "es el acto (o conjunto de actos) por el cual la persona acepta una relación con lo Divino y se esfuerza por conformar a El sus conductas", que la vida merece vivirse. Además, posee la categoría de fin y no de medio. El objeto que proporciona la experiencia es percibido como algo absoluto y como una totalidad digna de veneración, indepen­dientemente de la utilidad que La actitud de la persona

La actitud. Por el contrario, representa "un estado", una ad­quisición, una adquisición ,una capacidad. Desde luego, no se trata de algo "estático", sino de un dinamismo, capaz de influir en las reacciones de la persona

ante las situaciones que vive.

Desde el punto de esta religioso la "actitud" implica la capaci­dad de adecuar todas las conductas a las exigencias de Dios. Más en concreto podemos delinear los elementos que integran la estructura de la actitud religiosa El, me ama sin límites …¿Y yo me dejo amar por Él?

Ante todo nos encontramos con la integración del pasado que permite que se tenga una orientación positiva hacia el futuro. De lo contrario, la presencia de los errores, sufrimientos y resentimientos. obscurecerán el porvenir.

Es respecto, que la conversión "se presen­ta como siempre como una -relación religiosa del pasado, que, reconocido en su verdad permite al nombre religioso descifrar los signos de un futuro positivo.

Es entonces cuando la religiosidad madura de la "actitud", va deslindando los campos. Se reconoce, con el VATICANO II, que la realidad se rige por sus propias leyes y principios. Esto significa que se acepta la autonomía de las realidades terrenas.

Lo cual, sin embargo, no implica necesariamente, un rompimiento con Dios. Simple­mente, se llega a lo que las narraciones de la creación nos insinúan: que Dios es libre y autónomo ante la creación, igual que la creación y el hombre han sido creados en estado de autonomía delante de Dios. Y es a partir de esta doble autonomía que la alianza, -como encuentro amoroso de dos libertados, se hace posible.

Esta doble autonomía debe ser aceptada para lograr una sínte­sis como la que sugiere el VATICANO II. Según dicho Concilio, es tan grave el error de los que descuidan "las tareas temporales", como el de los que "piensan que pueden entregarse totalmente a los asun­tos temporales, como si estos fuesen ajenos del todo a la vida religio­sa". Por eso, siguiendo el ejemplo de Cristo, quien ejerció el artesa­nado, alégrense los cristianos de poder ejercer todas sus actividades temporales haciendo una síntesis vital del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico o técnico, con los valores religiosos, bajo cuya altísima jerarquía todo coopera a la gloria de Dios".

Esta síntesis requiere lucha, conflictos y errores. Pero a medida que la religiosidad madura, se va volviendo una realidad.

Otro elemento que integra la actitud religiosa es el proceso de identificación. Los estudios psicológicos más recientes. demues­tran que la actitud religiosa se logra mediante la identificación.

Claro está que la identificación tiene presentes a las figuras notables de la comunidad religiosa. En el cristianismo, por ejemplo, Cristo es el modelo primario. Aparte, están los santos y otros mode­los vivos.

En San Juan Bosco la integración era de tal manera que se puede decir que en el mismo tiempo era:

o alegre y austero

o abierto y respetuoso

o exacto y libre de espíritu

o humilde y magnánimo

o tenaz y flexible

o tradicional y moderno

o optimista y previsor

o diplomático y sincero

o pobre y generoso

o amigo y sin "preferencias"

o rápido en las concesiones y prudente en la ejecución

o ama las cosas bien hechas pero no es perfeccionista

o visionario y genio de lo real y concreto

o audaz hasta la temeridad y avanza con prudencia

o sabe ganarse al adversario y no abdica de sus principios

o dinámico y no extravertido, no manipula

o educa previniendo y previene educando

o corajudo pero no temerario

o ordena todo a sus valores pero no chantajea

o metido en el mundo (a la vanguardia del progreso) pero no es del mundo

Infancia

La sicología evolutiva revela una gran disponibilidad religiosa en el niño. Esto no quiere decir que la psicología demuestre la naturaleza religiosa del niño. Más bien debemos aceptar la interac­ción de varios factores: familiares, sociales, culturales, etc.

Las observaciones de la sociología religiosa nos hacen notar la importancia de la familia en la evolución religiosa. La razón fundamental hay que buscarla a nivel de imitación. Los padres son un modelo también en cuanto al comportamiento religioso.

En cuanto a la experiencia religiosa no es posible señalarla, con toda precisión en el niño. Si podemos hablar, en cambio, de un progreso que avanza con la edad. Poco a poco el niño se va abriendo al doble sentimiento de pavor y confianza respecto a Dios. En este sentido, el pavor no se considera como anormal. Justamente porque convive con la confianza.

Juntamente con la gestación de la experiencia religiosa, se va formando el concepto de Dios. Y parece que a los tres años el niño empieza a sentir el temor y el deseo ante lo sagrado. Al mismo tiempo, se supone que la imagen dé Dios empieza a perfilarse.

Quizá lo más característico de la imagen infantil de Dios, es la relación que guarda con las imágenes parentales. Sobre todo parece influir la imagen del padre.

Esto es fácilmente explicable. La primera experiencia interper­sonal del niño son los papás. A estos los considera omniscientes y omnipotentes. Luego, considerará a Dios como dotado de los mismos atributos. Igualmente, la dependencia, seguridad y confianza experimentados en el hogar, son transferidos a Dios. Claro que quie­nes han tenido una experiencia negativa en el ambiente familiar, tendrán, -muchas veces-, una imagen negativa de Dios.

Aún en el caso de una experiencia familiar positiva hay que enfrentarse con la crisis religiosa incluso en la infancia. La causa reside en la transferencia de las cualidades parentales a Dios. Hacia los seis o siete años, el niño descubre las limitaciones de sus padres. Ve que no son perfectos, omniscientes ni omnipotentes. Luego piensa que Dios es igualmente falible, tanto más cuanto que muchas de sus peticiones egocéntricas no son escuchadas.

En otras ocasiones los padres deforman la imagen de Dios al atribuirle una actitud de vigilante, de juez y de verdugo. La mamá, para controlar al niño, le dice: "si haces tal cosa, Dios te castiga".

Otro rasgo de la imagen de Dios en el niño, es el antropomor­fismo. El niño se imagina a Dios como una figura humana, casi lo ve y lo oye.

Por otro lado, este hecho supone en el niño un fuerte realismo religioso, un gran sentido de lo concreto. Evidentemente que este realismo tendrá que conjugarse con la trascendencia y espiritua­lidad de Dios.

El niño también es dado al ritualismo, al verbalismo irreflexi­vo, a la imitación e, incluso a cierta espontaneidad en sus conductas religiosas.

El niño, igual que en otras áreas de su comportamiento, está marcado por un egocentrismo natural. Como él ha nacido en situa­ción de dependencia, se ha acostumbrado a recibir y a pedir. Por lo mismo, también Dios será visto por el niño como su servidor de su egocentrismo.

Más o menos en esta misma perspectiva se sitúan los rasgos mágicos de la religiosidad infantil. Coopera para esto el sentimiento de la justicia inmanente que el niño posee. Por este sentimiento, el niño cree que el castigo surge espontáneamente de las mismas fuerzas naturales del universo Si le pega a su hermanito, se ve a res­balar porque el piso se encarga de castigarlo.

También los ritos y el culto religioso alimentan la mentalidad mágica del niño. Pues entonces parece evidente, como se cree en la magia, que es posible "captar la fuerza divina de una manera auto­mática, abstracción hecha de todo acto de "sumisión auténtica" a Dios.

Para concluir, podemos decir que la religiosidad infantil es la base para una religiosidad madura. Pero esto no significa que deba­mos arrancar esas formas todavía imperfectas de religiosidad. Hay que aprovecharlas para que el niño llegue a un justo equilibrio en sus relaciones con Dios y con el grupo religioso al que pertenece.

La crisis de la adolescencia ofrece una oportunidad para dar un paso firme hacia la madurez religiosa.

Hay 4 factores que van preparando un cambio del egocentris­mo infantil hacia la apertura inicial del adolescente (lolo):

1) La experiencia de contacto con los demás, que lo empuja a salir de sí mismo, a juntarse.

2) La experiencia de las realidades materiales, que le descubrirá la causalidad física, el funcionamiento de las cosas, deseo de ser útil.

3) La experiencia de las limitaciones humanas, pues así ya no es­perará que sus padres sean dioses ni que Dios sea como ellos.

4) El gustito a Dios que supera todos los otros placeres.

Adolescencia

La adolescencia está determinada por los cambios de la puber­tad, cuando aparece la madurez sexual. La adolescencia suele ser situada entre los 14 y 18 años. Pero varía mucho de acuerdo al país, raza, sexo, condición social, etc.

Es el momento de la transición de la niñez a la edad adulta. Los cambios

corporales, afectivos, mentales, etc. están a la orden del día. Surgen choques con los adultos, con la familia y consigo mismo. Son típicas la ambigüedad, emocionabidad, inestabilidad, proble­mática, incongruencia, etc.

En este aspecto religioso hay características muy peculiares. En cuanto al concepto de Dios, podemos señalar la siguiente evolu­ción.

Entre los nueve y diez años el niño se fija en los atributos de Dios:

a) objetivos (grandeza omnisciencia, ETC),

b) subjetivos (cuali­dades morales: bondad, justicia, ETC), c) afectivos (belleza, fuerza amorosa, etc.)

Hacia los doce y trece años, el preadolescente entra en el proceso de la, personalización de Dios.

Entre los quince y dieciséis, el adolescente entra en la fase de la interiorización. Lo objetivo y lo personal del concepto de Dios, se transforma en amor, amistad, oración, obediencia, compartir, culpa y temor. De esta forma, "los temas de personalización que constitu­yen el vínculo cronológico entre la atributividad y la interiorización, unen igualmente el Dios interior con el Dios objetivo, tal como es conocido gracias a los atributos objetivos".

He tocado el tema de la amistad al mencionar los rasgos de la interiorización de Dios: en la vida del adolescente. Y es que el ado­lescente es particularmente sensible a la amistad. Porque muchas veces se siente víctima de la incomprensión, se refugia en la soledad y entonces experimenta un fuerte impulso hacia la intimidad de la rela­ción amistosa.

Esta misma tendencia está presente en el trato con Dios. Dios es buscado, ante todo, como amigo. Los rasgos de Dios más aprecia­dos por el adolescente, en esta perspectiva, son los de la compren­sión, la cercanía, la fidelidad, lo incondicional de su amor, etc.

Al mismo tiempo que la religiosidad se vuelve más personal y personalizante, el adolescente padece una fuerte crisis religiosa. Evidentemente, esta crisis no es sino el efecto del estado crítico que el adolescente atraviesa.

Esta crisis es producto, a su vez, de diferentes factores: la búsqueda de identidad, el despertar del pensamiento personal, el afán de independencia, el impulso sexual, etc.

Por otro lado, la religiosidad arranca de muy variados motivos: la búsqueda de amistad, el deseo de lo sagrado, la culpabilidad y las preocupaciones morales, el darse cuenta que las personas fallan.

La culpabilidad nace, muchas veces, del conflicto entre la perfección moral y la imperiosa inclinación sexual. El adolescente se siente irresistiblemente impulsado hacia las prácticas sexuales y, al mismo tiempo, siente la urgencia del ideal ético.

Este conflicto suele terminar, en algunos casos, con el abando­no de la religión. Piensan, tales adolescentes, que de esa forma se liberan del peso de la culpa.

Otro renglón más que se añade a la crisis religiosa, es la apari­ción de las dudas. El adolescente ha llegado a mayoría de edad en cuanto al desarrollo intelectual. Esto lo induce a una especie de ra­cionalismo. Consiguientemente, se interroga sobre la verdad y senti­do de sus creencias, la bondad de su orientador espiritual disipa dudas.

Este ejercicio de la duda podría ser muy sano y productivo. A condición de que el adolescente cuenta con vías eficaces para re­solver sus incertidumbres. Puede ser un buen orientador espiritual, los padres, el ministro o sacerdote, etc.

Pero si los pobres han empleado la religión como un medio de control y, en consecuencia, el adolescente asocia religión y auto­ritarismo, entonces la- solución de las dudas puede consistir en el rechazo de la religión también es habitual en el adolescente el abandono de las - prácticas religiosas como la oración, la liturgia, etc.

Sin embargo, de esta crisis multifacético puede venir una reli­giosidad más auténtica que la infantil. Se buscará la oración pero no para satisfacer el egocentrismo, la asistencia al tiempo será por convicción propia, los ataques antirreligiosos por parte de los profe­sores o amigos serán superados, disminuirá el moralismo rígido con sus efectos CULPABILIZANTES, se abrirán nuevos horizontes humanos, se caminará hacia un mayor compromiso con la sociedad, etc.

En fin, no hay que olvidar que cada caso es único e irrepetible. Es por ello que en el campo de la acción pastoral o de la orientación, se requiere una adaptación a la persona concreta.

Se supone, por último, que la madurez religiosa se va logrando en las etapas siguientes. Claro que hay notables excepciones.

Edad Madura

Es con el advenimiento de esta etapa. que el individuo puede disponer de los medios personales necesarios para adquirir una acti­tud religiosa. Es decir, que sería el momento, visto el ángulo huma­no, para irse introduciendo en la madurez religiosa.

Claro que muchas veces el haber llegado, cronológicamente, a la edad madura, no implica ni la madurez humana ni la religiosa. Muchos jóvenes adultos conservan rasgos propios de la infancia o de la adolescencia.

La literatura dedicada a este tema es más bien escasa. Los estu­dios sicométricos no han sido empleados igual que como se ha he­cho con otras edades. Así que el material disponible fluctúa entre los datos recogidos sistemáticamente y los que son presentados de manera "informal".

En forma indirecta, W. JAMES nos presenta algunas propie­dades que él encontró en personas religiosamente maduras. Son las siguientes: , ,

1) La persona tiene el sentimiento de que toma parte en una vida mucho más amplia que la de este mundo. Al mismo tiempo, tiene la certeza de que existe un "Poder Ideal", que, ordinaria­ mente, es identificado con Dios.

2) También se posee la sensación de continuidad o comunicación de ese poder amigo con la propia vida, con la sumisión a El por parte del hombre.

3) Como resultado de la sumisión, nace un sentimiento de inmen­sa alegría y libertad.

4) Hay un desplazamiento del centro emocional hacia el amor y los sentimientos de armonía y afecto para los demás seres hu­manos, en el compartir.

Según JAMES, en el caso de los santos nos encontraremos, sobre todo, con las dos últimas características.

ALLPORT, pensando más bien en el "deber ser", nos hace la siguiente lista de rasgos:

1) El sentimiento religioso maduro es autocrítica. Por tanto, la persona tiene

capacidad de "insight" respecto a sí misma, en materia religiosa. Consiguientemente, sabe diferenciar lo esen­cial de lo secundario, lo aceptable y lo inaceptable de la propia institución religiosa.

2) La autonomía el sentimiento religioso en el sentido pequeño entran en juego otras motivaciones menos específicas. Por tanto, Dios es buscado por sí mismo, independientemente de otros intereses.

3) La congruencia entre las creencias y el comportamiento,

4) espe­cialmente en su aspecto moral. Hay un compromiso vital. Dios en sí mismo no se ve afectado directamen­te por el pecado.

En esta perspectiva, el pecado aparece como el antidiálogo. El hombre desobedece la voluntad amorosa y humanista de Dios y así deja de compartir con El. Y, al dañar a los demás o a sí mismo pierde la comunicación con los otros y consigo mismo, no comparte.

Por eso, la conversión es una reapertura del compartir que nace de la iniciativa divina. Y entonces aparece en escena el aspecto positi­vo y principal de la conversión: la entrada en el mundo de las rela­ciones auténticas con Cristo y por El y en el Espíritu Santo, con el Padre.

Este aspecto de relaciones interpersonales con Dios Trino está delineado a través de las parábolas de Jesús y, en forma especial, me­diante la fórmula: "Convertíos y creed la buena noticia... ya llega el reinado de Dios". Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, Allí, Yo estoy

Hay que notarlo fuertemente: hay que enmendarse de la vida pecaminosa, para abrirse a la felicidad (buena noticia), que consiste en el reinado de Dios. Es un reinado actual, con un clima bien concreto como "la honradez, la paz y la alegría que da el Espíritu Santo", aquí y ahora.

Es evidente que la conversión se presenta ante nuestros ojos como el camino para acceder ala experiencia cristiana. Los apóstoles JUAN y PABLO no utilizan. el término conversión, pero lo suponen como contenido en el proceso existencial de la fe con que se respon­de a Cristo y se la acepta.

Sin embargo, la opción por Cristo se basa en el llamado que Dios Padre dirige al hombre en forma gratuita y amorosa.

"El contenido del llamamiento (que no puede separarse del hecho mismo de producirse) 'es invitación (que obliga y facilita­ su seguimiento) a admitir a Dios, que se comunica a sí mismo, libera .con ello la existencia de los `ídolos' esclavizas antes (principados y potestades) y da el valor para esperar la redención y libertad defini­tivas en la "posesión' inmediata de Dios como nuestro futuro absolu­to".

La respuesta a este llamamiento es un Don Divino. Y su­pone un ejercicio de fe en cuanto que supone una relación con Dios que afecta a la existencia entera. También la esperanza (capacidad de lucha) entra en juego en la conversión pues se pone el futuro al abrigo de la misericordia de Dios. El amor, como oposición al peca­do, también participa, pues inclina a la búsqueda del bien de los demás y de sí mismo; al mismo tiempo que induce al esfuerzo por agradar a Dios en todo.

La psicología también distingue la conversión intelectual, mo­ral, social y religiosa. Y considera la conversión como una mo­dificación de conductas extrañamente poderosa. Esto vale todavía más para lo que algunos denominan la "conversión mística".

Psicológicamente hablando, la conversión produce cambios fisiológicos, afectivos, volitivos y sociales, se nota en su mirar, en su rostro.

La psicología religiosa distingue varios casos de conversión propiamente religiosa. Recordemos algunos de ellos.

1) Conversión por los movimientos de despertar religioso. Pertenecen, más o menos, a este tipo de movimientos los "Cur­sillos de Cristiandad", "Familia de Encuentros", "Renovación Carismática", etc. La dinámica de conversión que se produce en ellos es, más o menos como sigue.

a)predicación que acentúa la miseria moral de los presentes, (culpa sicológica).

b)en estos se producen sentimientos "depresivos", culpabili­dad, humildad, impotencia, miseria absoluta y desespera­ción,

c) el predicador mueve a sus interlocutores a una auto superación por el acercamiento a Dios para reencontrar la paz; entonces brotan sentimientos de estimulación como la confianza, la seguridad, la alegría, el amor, el sentimiento de novedad, la claridad, el sentido de la vida, el cambio y el optimismo. La insatisfacción, y vacío.

2) Conversión como solución de un problema humano. Puede ser que un acontecimiento notable estimula el recurso a lo reli­gioso. También puede suceder que se vea en la religión la solu­ción de un conflicto. Por ejemplo, el adolescente acosado por la sexualidad puede buscar un escape en la religión. Se, dice que las vocaciones religiosas que nacen de este tipo de conversión, no aguantan las crisis posteriores de vocación.

3) Conversión progresiva. Como fruto de estímulos diferentes, se va operando un cambio interior. Quizá en estos casos se podría aplicar la teoría de JAMES de la "incubación subcons­ciente".

4) Conversión a causa de una experiencia dramática.

5) Conversión mediante una experiencia religiosa. En estos casos la presencia de Dios se vuelve manifiesta y se vivencia su luz, su amor, su alegría, su perdón, su hermosura. Es el caso de los "Encuentros".

Es común que en el ambiente cristiano, la conversión esté polarizada por la figura de Cristo. Y, por la importancia que El re­presenta para los cristianos, le dedicaré unas líneas aparte.

Es evidente que en los ya nacidos dentro del cristianismo se operen verdaderas conversiones. Más aún, la conversión aparece en este tipo de cristianos como una verdadera necesidad. Pues habiendo sido bautizados desde pequeños, no han recorrido el proceso vital e interoerna1 de compromiso con Cristo.

No faltan ocasiones que la "gracia de Dios" aprovecha para inducir la conversión de los cristianos por tradición. Puede ser la asistencia a Cursillos de Cristiandad, a una reunión de renovación, a un Encuentro.


Es a partir del descubrimiento de Cristo, cuando el cristiano empieza a recorrer un largo camino de amistad y unión con El.

En nuestro continente latinoamericano, es probable que Cristo se haga presente a través de las situaciones de injusticia o, más vivamente, en la persona del prójimo que sufre miserable e inhu­manamente:

No importa cual haya sido la ocasión que Cristo aprovechó para hacérsenos encontradizo, lo importante es lograr, con nuestro esfuerzo y con la ayuda del Espíritu, que nuestra experiencia de Cris­to se vaya transformando en una

"actitud cristiana". De esta forma nos iremos "identificando" con El, hasta llegar a tener los mismos sentimientos de Cristo. De esta forma, lograremos "reproducir sus rasgos" con nuestras conductas, y sólo así conseguiremos "hacer presente y como visible" a Jesucristo, delante del hombre materialista de nuestros días.

Pero Cristo, hombre del compartir personal, quiere conducir­nos a una relación filial con su mismo Padre, con la ayuda del Espí­ritu Santo. Por eso, la experiencia cristiana es una "experiencia trinitaria".

Relaciones personales con Dios Trino

La espiritualidad bíblica nos hace notar que el centro de las preocupaciones de Cristo es la persona. Ante todo la persona del Padre que lo envió, y luego la persona humana

Y en su afán insuperablemente humanista, quiere llevar a los lolos a una relación interpersonal y específica con el Padre. Concre­tamente, haciéndose partícipes de su condición de Hijo, nos ofrece la posibilidad de ser hijos del mismo Padre.

A su vez, el Padre nos toma como verdaderos hijos suyos, ha­ciéndonos participar de su "naturaleza divina Para conseguir­lo, el Padre nos asocia a la vida de Cristo, especialmente al misterio de su muerte y resurrección. Lo cual tiene lugar en el momen­to del bautismo que nos hace nacer a una vida nueva. Este renacimiento previsto por Cristo, es fruto de la obra "engen­dradora" del mismo Padre junto a su a Hijo, al Espíritu

Se comprende, a la luz de lo dicho, que PABLO afirma que somos una "nueva creación", o una "nueva criatura", o un "hombre nuevo" que es "creado a imagen de Dios" o de Jesucristo, "imagen de Dios invisible, nacido antes que toda criatu­ra”.

Pero, si es verdad que Cristo nos lleva al Padre que nos acoge y nos reengendra' también es cierto qué el Padre nos acerca a su Hijo. Y esto ocurre a dos niveles. Ontológicos, nos une con Cristo a nivel vital, puesto que tanto Cristo

como nosotros procede­mos, aunque de manera diversa, del mismo Padre. Luego, en un plano más consciente y personal nos ofrece la gracia de encuentro teologal y existencialmente con Jesucristo, en el Amor divino. Con esto me refiero a la conversión, "interiorización"

"AMAR ES COMPARTIR"

Para muchas personas la palabra COMPARTIR" es nueva y a menudo, confusa; lo era también para mí, hasta que descubrí que el “compartir" no es lo mismo que conversar y discutir. Aunque éstas sean formas muy valiosas de comunicación.

Cuando me inicié en el "compartir", com­prendí que era algo bien rico; deseaba que los demás me conocieran tal corno soy: mis sufrimientos, luchas, alegrías y anhelos. Me hace sentir bien, cuando comparto con ella -él; lo hago con el corazón, sabiendo que quien está frente a mí es la persona amada, no una cosa. Que esa persona me re­cibe también como persona; me escucha, así como yo debo y he aprendido a escuchar a los demás.

Muchas veces sé que es un riesgo, y experimento ciertas sensa­ciones de peligro al hablar de mí y mostrarme como soy; pero lo hago y me siento libre, desahogado, por una decisión de amor y entrega; con confianza, sintiendo que esas personas que me escuchan son mi familia, mis hermanos, que se preocupan de mi y me ayudan a crecer, que es mi pareja.

En la medida que sé escucharlo en su com­partir, me doy cuenta que sintonizamos en la misma frecuencia; dejo de ser yo para compenetrarme con ella y acogerla; si yo desconecto la sintonía, entonces- lo enjuicio, objeto, oprimo, aconsejo, consuelo igual que lo hago en mis "conversaciones y discusiones".

Es muy importante para mí no interrumpir lo que me está compartiendo, no hago comentarios, ni reacciono con lo que me está diciendo, escucho con un silencio sagrado para captar hasta lo último que ella me quiere regalar, ya que deseo enriquecerme como persona, porque es importante esa confianza que depositó en mí, me hace sentir que estamos más unidos.

Escuchándola a ella he aprendido más acerca de mí mismo, de quien soy.

Ahora me siento más libre, y soy capaz de conocer y amar a otras personas, con ese amor verda­dero que sabe aceptarla como persona.

El compartir me permite acercarme a ella, basando mi comunicación en el amor y la confianza, y eso es algo muy hermoso, "estoy amando".

Esta es la fuerza de Dios.. .

El comparte todo con su Hijo, y es infinito el Amor, que comparten. . . Cuando com­parto, estoy realmente en la presencia de El. Lo rico de esto es que se producen los ecos del silencio, donde sin querer estoy interior­mente contemplando mi propio yo hecho por El... y me doy cuenta que es hermoso.

Compartir para mí, es hablar de todo aquello que realmente es importante: mis sentimientos, mis deseos, mis ideas, esperanzas.. Pero, al hablar de ello, no trato de convencerla, ni menos impresio­narla, presentando una falsa imagen, No trato de engañarla, no trato de contentarla diciendo lo que creo que espera oír, inventan­do "mentiras piadosas" que salven nuestra unión.

Es un tiempo para mirar dentro de mí y darme cuenta que valgo mucho, y sacar poco a poco lo que tengo dentro, sin temor a mostrarlo. Compartir me sirve para ordenar mi vida y mis sentimientos; compartir me hace sentir útil, grande y- amado, capaz de amar al otro con sus defectos y los míos.

Al escuchar el compartir de ella voy aprendiendo, sintién­dome más libre y abierto, más cerca de ella con mayores deseos de compartir y manifestar mis sentimientos, emociones...

Cuando estoy compartiendo, me doy cuenta que ella me mira a los ojos y no me molesta.

Veo simpatía, comprensión, alegría, cariño. Me siento bien, y no esquivo su vista.

Al estar compartiendo, no me impone, no me discute, no me corrige, no me aconseja, no me acompaña, no me exige y me da liber­tad para hacer mi compartir, y esto es lo que debo hacer cuando ella me está compartien­do. Es en el fondo, disfrutar aquí, ya el Rei­no de los Cielos, porque llegamos a sintoni­zamos en forma única e igual a la que el Padre Amor nos regaló en si¡ Hijo.

Al compartir, me concentro en ella. No hablo. El silencio aquí es la mejor forma de comunicarnos... Miro con cariño a la per­sona amada, me intereso por ella.

Compartir, en una palabra, es transparentar mi alma y darme cuenta que somos la mara­villa más grande del mundo junto a todas las otras almas de mis semejantes.. .

Ahora me doy cuenta que el Reino de Dios está dentro de mí (Lc. 17,21; Jn. 14,26).

Compartir es una comunicación profunda en donde trato de poner todas las condiciones para un fluir cristiano y libre de lo que quie­ro darle a ella y recibir con decisión y amor lo que ella desea darme.

En este "estado", mi capacidad de juzgar se pierde, y nace una aceptación hacia mi Polola, amor sano

Tal aceptación estrecha vínculos, y lo que es más rico, deja entre los dos un lazo de unión, gracias a la gran valoración que en mi interior ha habido hacia la otra persona.

Sucede, además, algo maravilloso, porque aquí, cada uno de nosotros deja de lado las diferencias, antagonismos, máscaras, ideo­logías, complejos, heridas, creencias, nos fundimos en el mandato de "amarnos los unos a los otros".

Queda ese algo divino en cada uno, "fasci­nación" que nos hace sentirnos amados, felices de verdad.

"Sí no te haces como un niño, no entrarás en el Reino de los Cielos".

El compartir es una hermosa llave que nos permite actuar y asemejarnos al compartir espontáneo (libre), cristalino, sin máscaras; propiedad (cualidad) sobresaliente y única de los niños. "Dejad que los niños vengan a Mí"; sin trabas, abiertos, como cuando nosotros éramos como tales y al compartir volvemos a ser "niños".

El Espíritu Santo, ciertamente, no puede estar ausente de este cuadro de relaciones interpersonales. Por una parte, el Espíritu es un regalo o "don" que el Padre y Cristo nos otorgaron. Por otro lado, el Espíritu nos revela que el Padre es Padre nuestro. Y para que vivamos realmente nuestra condición de "hijos", nos une con el Hijo, la "verdad" personificada. "Para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: Abba!, Padre!".

Aquí tenemos algunos de los datos con que el Nuevo Testa­mento nos Revela el sentido de la experiencia cristiana. Allí, todo gira, en un dinamismo interpersonal, en torno a la STMA Trinidad. En consecuencia, la actitud cristiana será la disposición habi­tual para tener una relación asidua y familiar con cada persona divina. El Concilio VATICANO II, no es extraño si tenemos en cuenta lo anterior, coloca la vida cristiana o espiritual en una pers­pectiva de acercamiento al Padre por Cristo en el Espíritu Santo.

Así pues, quien se precie de cristiano, deberá colocar la mira de sus intereses en la figura del Dios Uno y Trino. Esto, en las primeras etapas de la vida espiritual, sólo es posible mediante la fe, el darse cuenta por todos los regalos que recibí desde que nací y doy gracias. Posteriormente, como regalo gratuito del Padre, la relación con cada Persona Divina, puede convertirse en una "expe­riencia mística".

Antes de terminar, quiero subrayar el carácter trascendente del cristianismo. Quiero decir con esto, que el Dios cristiano irrumpe en nuestra historia haciéndose presente por ciertos eventos históricos, por medio de la palabra y, en especial, por medio de Cristo. Y así, resulta como un horizonte que supera las categoría humanas. Es un Dios amor que, en Jesucristo, se da al hombre como si el hombre fuera el Señor y Jesucristo su esclavo.

Este don que el Padre nos hace de sí mismo por medio de su hijo, es gratuito. Y si el hombre lo acepta, lo acepta libremente. Sin embargo, esta aceptación requiere un proceso de "reencuentros" Es decir, que hay que romper con las psicologías de la "auto actua­lización", del "propio placer", del "deseo de poder", etc.

Consiguientemente, el cristiano se centra en el Otro trinitario y hace de El un principio de acción. Más adelante veremos que, según la experiencia de los místicos, Dios es el más profundo centro del hombre, por tanto, lejos de alienarse o despersonalizarse, el hombre se encuentra a sí mismo en su encuentro con Dios.

Por último, considero útil una aclaración más. Algún autor habla de la "experiencia espiritual". Y me parece advertir, después de las aclaraciones que ofrece, una identidad con lo que aquí llamamos "experiencia cristiana" Todavía más cuándo la experiencia cristiana es vista como relación personal con la Tri­nidad.

La experiencia de la gracia

También se puede hablar de experiencia de la gracia cuando el hombre se pone en contacto con los signos de lo divino; los sa­cramentos con sus ritos, símbolos, etc., que son signos sensibles . de la acción de Dios, la Biblia (leída como texto humano, pero comprendida como palabra de Dios, la Iglesia sociedad humana que es aceptada como Pueblo de Dios, etc. Cuando yo estoy sensible para escuchar a Dios, lo descubro en todo lo creado que en ese momento somos símbolos que me expresan un mensaje.

El amor al prójimo

Al hablar del concepto bíblico de hombre, recordé que el

Ju­deocristianismo es el autor del concepto de persona. Ahora quiero señalar que Cristo eleva a la persona a la categoría de "prójimo" Amar o tratar al otro como prójimo no se queda en la mera ayuda al necesitado. Supone tina actitud nueva respecto al otro. Es una actitud que supone a Dios como compañero de la rela­ción con el otro. Es un amar al otro "en Dios" En esta pers­pectiva el amor al prójimo es "COEFUSIVO" y "constante". Porque su vínculo es Dios y durará para siempre en El.

Más exactamente el otro se convierte en signo vivo de Jesu­cristo. De tal suerte se ha unido el Hijo de Dios, ontológica y amorosamente con nuestra naturaleza y condición humana, que llega a sentirse plenamente identificado con cada uno de los seres humanos.

Por eso, en el examen final de nuestra vida, Cristo dará por descontado que tuvimos un encuentro con El cada vez que nos to­pamos con alguna persona. Y en ese momento supremo afirmará.

"Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, fui extranjero y me recogiste, estuve desnudo y me vestiste, enfermo y me visitaste, estuve en la cárcel y fuiste a verme…

Entonces tú le replicarás:

- Señor, cuándo te vi con hambre y te de comer o con sed y te de beber?, cuándo llegaste como extranjero y te recogí o desnudo y te vestí?, cuándo estuviste enfermo o en la cárcel y fui a verte?

Y el Rey les contestará:

- Te lo aseguro: cada vez que lo hiciste con un hermano mío de esos más humildes, lo hiciste conmigo".

Estas afirmaciones transparentes no dejan lugar a dudas para un cristiano. el otro no sólo es persona, sino también prójimo. Es un signo sensible de la presencia de Cristo. El prójimo es también camino para acercarse al Dios cristiano: "Amigos míos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de. Dios y todo el que ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios porque Dios es amor".

Por regla general, la experiencia se da a través de signos y símbolos naturales y sobrenaturales. Y, muy especialmente, a través del prójimo. Y así, "el que diga `Yo amo a Dios', mientras odia a su hermano, es un embustero, porque quien no ama a su hermano, a quien está viendo, a Dios, a quien no ve, no puede amarlo. Y este es precisamente el mandamiento que recibimos de El: quien ama a Dios, ama también a su hermano".

Definitivamente, uno de los medios privilegiados para tener una experiencia cristiana es el joven, el joven en cuanto prójimo. .

PSICOLOGIA Y CRECIMIENTO ESPIRITUAL

El Concilio VATICANO II dice que hay que intensificar "toda la acción pastoral en el fomento de las vocaciones, aprove­chando para ello todos los recursos útiles que ofrezcan las modernas doctrinas psicológicas y sociológicas".

Este es precisamente el objetivo de los dos capítulos siguientes: aprovechar los recursos útiles que nos ofrecen la psicología y la so­ciología contemporáneas.

"ENCUENTRO JOVEN CON EL MUNDO"

(Valores de creatividad)

Se escuchan voces de alarma acerca de la pérdida de contacto con la vida. El hombre se ha ido mecanizando, mercantilizado, deshumanizando. Así, ha perdido su "original unidad con la naturaleza".

"Al vivir hoy día en un mundo mecanizado y sometido a la técnica, y al esfumarse cada vez más nuestros lazos de unión con el ritmo vital de la Naturaleza, se ha llegado al punto culminante de un camino que fue iniciado desde el advenimiento del hombre.

Es propio de la historia del hombre, que él, un hijo de la Naturaleza, se aparte de su inmediata conexión con ella para ponérsele enfrente y dominarla. Cuanto más crecen sus conquistas en este terreno, va perdiendo ciertamente algo muy esencial, el sentimiento de estar sumergido en la vida de la naturaleza y de participar de su ritmo.

El hombre se ha vuelto un ser excéntrico a la naturaleza y a su propia vida, y ha perdido en gran medida su unidad simbiótica con el mun­do. Esta pérdida es la causante de la angustia existencial, de la angus­tia mundana... La angustia mundana es el sentimiento estacionario del desaraizamiento, de la pérdida del apoyo y del desamparo en una Naturaleza que ha dejado de serle hospitalaria y familiar".

Teniendo en cuenta la necesidad que el hombre tiene del con­tacto vital de la naturaleza, la juventud que yo conozco se propone mejorar este acercamiento.

Evidentemente, el organismo tiene sus límites de contacto como el cuerpo, el Yo, los valores personales, la capacidad de expre­sión, lo familiar, etc. Esto significa que una persona no hará más contacto que el permitido con ,estos límites o fronteras. Si algo va contra los propios valores, entonces es rechazado.

Entre los principales vehículos del contacto se encuentran el mirar, escuchar, tocar, hablar, moverse, oler y gustar.

Todo lo anterior, como medio de contacto, esta supeditado a la percepción consciente ("AWARENESS") darse cuenta que.

A través del "AWARESS" o "percepción consciente" se hace posible vivir "aquí y ahora" en contacto con el ritmo vital de la naturaleza.

En forma más ordenada podemos recordar los requisitos para lograr un buen contacto:

Valoración de lo actual:

o temporal (presente vs. pasado o futu­ro).

o espacial (lo que aquí vs lo ausente de allá)

o sustancial (la acción vs. ideas).

1) Valoración de la "percepción consciente" y la aceptación de la experiencia.

Quien a través de esta triple valoración sabe vivir en contacto con la vida, será normalmente una persona sana. En cambio, quienes han perdido la capacidad de contacto habrán caído en algún desa­juste de la personalidad, de acuerdo a la gravedad del caso.

Pues bien, cuando la psicología nos enseña el camino concreto para vibrar con el ritmo vital de la naturaleza y de la vida, nos está estimulando para que cumplamos el ideal de la persona previsto por la Biblia. Porque el hombre bíblico es un hijo también y no sólo el patrón-sustituto de la naturaleza.

Además, la naturaleza que fue hecha por la "propia mano de Dios, se convierte en símbolo de la belleza y vitalidad divinas. Así a través de ella, el hombre puede tener una experiencia no sólo religiosa, sino también "cristiana". Cristo quiere que vivamos el presente.

TRANSFORMACIÓN DEL MUNDO

Pero no basta con el contacto, también se requiere mejorar juntos el mundo.

Al hacerlo más humano nos unimos más con ÉL


Es una necesidad o una tendencia.

En realidad, esta tendencia intensa hacia la transformación del mundo está más cerca del impulso creador que del impulso a la actividad.

"Su temática consiste en la tendencia a poner, merced al pro­pio esfuerzo, en el mundo del no-yo, con el que limita el yo indivi­dual, algo que acrecienta su valor".

Y lo importante no es lo que se hace sino cómo se hace. No importa la clase de trabajo o profesión que se ejercita. "Lo esencial es el modo de hacerlo". Así, resulta fundamental que sea tomado como algo propio, que se sienta responsabilidad de aquello que se hace. También se requiere una plena conciencia (percepción cons­ciente) en el momento del trabajo.

"Un hombre simple que realmente realiza las tareas concretas inherentes a su trabajo y a su familia, es, no obstante su pequeña vida, más grande y más alto, en la escala de los valores, que el gran estadista que puede decidir con un rasgo de pluma el destino de millones de personas, que sin embargo, no toma sus decisiones de manera concienzuda.

El trabajo realizado de esta manera creativa, personalizada, consciente, responsable y concienzuda, es capaz de darle un: sentido a la vida. Se convierte en un porqué vivir.

Si la psicología es capaz de llevar al hombre a una mejor comprensión de su trabajo, la Biblia y la espiritualidad cristiana lo llevan a profundidades más luminosas para siempre.

El autor sagrado hace pronunciar a Dios el mandato de "some­ter" la tierra y de "dominar" a los animales, juntamente con el de cultivar y conservar la naturaleza. Evidentemente, se trata de una invitación divina para que el hombre conserve y mejore la creación con su trabajo.

Esto lleva a la persona a asemejarse a su Dios, pues el mismo Dios ha "trabajado" al realizar la obra de la creación. De he­cho, cuando Cristo vino a la tierra no se excluyó de la ley del traba­jo. En verdad, siendo Cristo la palabra del Padre, ya trabajaba desde la eternidad, pues„el Padre ha hecho la creación por Cristo y en Espíritu.

Pero, no sólo se asemeja a Dios el hombre trabajador, sino que está actuando con El. Cada persona divina es principio de la existen­cia y de la acción, por tanto, el trabajo se convierte en ocasión de una experiencia cristiana.

El VATICANO II está convencido de que el trabajo es una ocasión de encuentro con Dios, que teme la eterna condenación para aquellos que libremente descuidan "sus obligaciones temporales". Y, en la situación contraria, recomienda:

"Aprenda, ante todo, el seglar a cumplir la misión de Cristo y de la Iglesia, viviendo de la fe en el misterio divino de la creación y de la redención, movido por el Espíritu Santo, que vivifica al Pueblo de Dios e impulsa a todos los hombres a amar a Dios padre y el mundo y a los hombres en El".

Pero hay ocasiones en que el hombre se ve obligado a abando­nar el trabajo porque lo ha visitado el dolor o el sufrimiento.

VALORES DE ACTITUDES FRENTE AL DOLOR

A.- Reflexiones sobre la moral de los Valores.

Me doy cuenta que la Moral pareciera ser el mundo de los No.

La Moral Cristiana es una unidad integral de contenido y sen­timiento.

La Moral Cristiana consiste para mí en sentir como Cristo, plantearme sus mismos sentimientos en mis ideales y valores.

"TENED LOS MISMOS SENTIMIENTOS DE CRISTO" -

"Sentir con la Iglesia" - Iglesia.

La Moral tiene dos fronteras:

o Si el ser humano se considera sólo un animal y actúa por pulsión (Instinto), no hay Moral.

o Si el ser humano se considera sólo un robot y actúa por auto­matización, por programación, no hay moral. Entonces, ¿qué es la moral?

La Moral es mi capacidad de tener un comportamiento con­ciente y libre en torno a un valor que es Jesucristo.

Claro que a veces me dejo llevar por el "reptil" que tengo dentro y "caigo" en las fronteras.

El contorno social no debe afectarse;

yo soy yo y mis circuns­tancias" (Valores).

A pesar de todo sé que debo ser más consciente y más libre, es una tarea ética de cada hombre.

En mi vida debe existir una meta a la que llegaré por mi comportamiento consciente y mí libertad.

Mi meta puede alcanzar dentro de los sistemas éticos a:

INMANENTES:

TRASCENDENTES:

Yo me miro dentro de mi mismo.

Mi meta está fuera de mi mismo.

Estas pueden ser:

Yo actúo respetando el orden cósmi­co del Creador.

o Satisfacer mis necesidades materiales (Consumo)

o Realizar la justicia social para todos.

o Actuar racionalmente.

La ética inmanente me lleva a una Moral Autónoma (Auto abastecedora): Mi ideal es sólo descubierto por mi mismo, creado por mi mismo.

La ética trascendente me lleva a una Moral Ateroma. Las cosas son buenas porque están mandadas y las cosas son malas porque son prohibidas.

Frente a esto la Moral Cristiana produce la unidad entre lo inmanente y lo trascendente.

El elemento central de la Moral Cristiana es la encarnación de Jesucristo.

Sólo en la medida en que Dios se hace hombre yo puedo salvar la contradicción entre la Autonomía y la Heteronimia.

Dios al hacerse hombre une lo trascendente con lo inmanente. La Moral Cristiana en el camino ético consiste en seguir a Jesucristo en lo que Hizo y Dijo, en el mismo orden.

Que Hizo - Que Dijo = Definen sus sentimientos.

Hay varios ejemplos que grafican la Moral Cristiana:

1. La Moral es una moral que nace para el hombre y del hombre para la ley. "El Sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el Sábado". Es una moral de la persona más que de la ley.

2. Es una moral que privilegia al pobre, al desposeído, a los des­preciados. A las Prostitutas, publícanos, convertidos, es una moral que "descoloca". Es para los que deseen salvarse estando en el pantano que estén.

3. Es una moral de lo pequeño, de lo humilde. Lo que mancha al hombre, es lo que sale de dentro de su corazón. "Cambia mi corazón de piedra por uno de carne".

4. Es una Moral de Opciones Globales a través de normas concretas, en un momento histórico (época de Cristo) orientado a todas la épocas, converge profunda­mente hacia donde va el ser, humano y la humanidad.

B.- Hay que reconocer que la mayoría de las corrientes psicoló­gicas parecen no entender el sentido del dolor. Ordinariamen­te se le ve como una oposición o negación de la vida.

En cambio FRANKL, sí está pensando en el sufrimiento que no buscamos directamente. Son aquellas situaciones de las que no podemos desembarazarnos. Pues bien, estos casos también encierran un valor, un valor de sentido. Claro que para convertirse en un valor, el sufrimiento tiene que ser asumido con una actitud positiva. Por tanto, lo valioso es la actitud personal que puede ser despertada por la visita del sufrimiento.

Realmente, "el sufrimiento no representa simplemente una posibilidad cualquiera, sino la posibilidad de actualizar el supremo valor, la ocasión para conferir plenitud al sentido más profundo de la vida. Cuando más allá de la voluntad de placer y de la voluntad de poder, encontramos la voluntad de sentido, entonces se nos pre­senta como algo que va más allá del sentido de la creatividad y el sentido del amor, el sentido del sufrimiento".

El sufrimiento me ofrece la ocasión de aprender a escoger con que actitud voy a afrontarlo. Puedo elegir una actitud de desespera­ción o de esperanza, de aflicción de calma, de nihilismo o de buen humor, de optimismo o pesimismo, de amor o de odio.

Evidentemente, los valores de actitud no se despiertan sólo ante el sufrimiento. En verdad están presentes en cualquier situa­ción de la vida en que el hombre opta por una determinada actitud. Pero, también es cierto que delante del sufrimiento el hombre se ve más urgido que nunca a tomar una actitud.

Casi todos los días tenemos que enfrentarnos con la enfer­medad, el dolor, el fracaso, el luto, el arrepentimiento, etc. Y la tendencia ordinaria del hombre común es la huida. Se opta por el. uso de calmantes, analgésicos, alcohol, narcóticos, etc. Incluso la psicoterapia es empleada con tal propósito.

El lolo maduro es capaz de trabajar, gozar, sufrir.

A este respecto afirma FRANKL:

"Hemos superado", y con mucho, el estudio de la psicoterapia clásica; ya no consideramos como única tarea de psicoterapia la de volver al hombre capaz de trabajar y, tal vez mejor, de gozar: pues al menos en la misma medida la psicoterapia debe estar en grado de volverlo capaz de asumir el sufrimiento, aunque persista el dolor

Dentro de su negatividad, el sufrimiento contiene verdaderos valores positivos. Entre ellos podemos señalar, con FRANKL, los si­guientes:

1) El ejemplo. Quienes asumen positivamente su dolor y no se contentan con vegetar, nos hacen un bien enorme al damos ejemplo de cómo debemos afrontar el sufrimiento que algún día nos asaltará.

2) El crecimiento. A través de la actitud adoptada ante el sufri­miento, se va adquiriendo mayor fuerza para superar las dificultades de la vida. Lo cual, ciertamente, nos permite crecer.

3) La madurez, puesto que mediante el sufrimiento "el hombre alcanza una libertad interior, no obstante la dependencia externa".

"En el modo como se toma sobre sí el dolor impuesto, en el cómo se sufre, está la respuesta al por qué del sufrimiento. Todo depende de la posición, de la actitud: hacia el dolor, naturalmente hacia el dolor necesario, •predestinado y, precisamente por eso, capaz de ser inundado de sentido y de la realización de los valores de actitud, la cual (realización) es posible gracias al dolor":

No hay amor más grande que el dar la vida por el amigo.

FRANKL tiene "una última palabra, no para el hombre que sufre, sino para el hombre que se acerca al que sufre y sufre con él: igual que el dolor, tiene sentido el vivir juntos, el sufrir juntos; pero también eso es significativo y silencioso; el confortar tiene límites y donde todas las palabras serían poca cosa, allí toda pala­bra está de más".

Me imagino que el lector habrá comprendido que las consi­deraciones anteriores nos acercan al misterio de la cruz. De la cruz que el Hijo de Dios se cargó libremente. Y no en forma obliga­da y cruel para desahogar el afán vindicativo del Padre, sino por amor al Padre y al género humano.


A partir de entonces, el dolor ha quedado penetrado por la energía del amor con que Cristo lo contagió. Así, todos los sufri­mientos que se nos imponen tienen un nuevo sentido. La Cruz, con todos los sufrimientos que encierra, es un vehículo de amor. De Dios para el hombre y del hombre para Dios y para su prójimo.

El cristiano encuentra en el amor la luz necesaria para captar el sentido del misterio del sufrimiento. Es un misterio porque desborda nuestra capacidad de comprensión. Más aún, porque siendo Dios omnipotente y bueno, no lo desterró de este mundo. Por el contrario, Dios mismo hizo suyo nuestro sufrimiento ( en la per­sona de Cristo..

Por tanto, el hombre puede sufrir en compañía de Dios igual que Dios ha sufrido en compañía de nosotros. En compañía de Dios es posible sufrir con alegría. Porque "el Espíritu de la Gloria, que es el de Dios, reposa sobre vosotros".

El INOCENTE pidió perdón para lograr la reconciliación universal por el amor. . . dándonos ese mismo poder... (MT 18, 18) del pueblo sacerdotal. Familia de Fe


RESPONSABILIDAD ANTE LA ECOLOGIA


Los científicos que comprenden la importancia y gravedad de los problemas ecológicos están seriamente alarmados. Pues el hombre parece estar perdiendo el control de sus propios inventos, adelantos técnicos y progresos científicos. En consecuencia, la naturaleza se ve seriamente amenazada en su equilibrio. Incluso se ve amenazada por el peligro de la destrucción total.

Bástenos pensar en el potencial destructor de los instrumentos bélicos a partir de la construcción de la bomba atómica.

En términos más concretos, estamos asistiendo al asesinato de la naturaleza por la contaminación del aire, tierra y agua lo cual es, el resultado del: desperdicio de carburantes, energéticos, etc.

Evidentemente,, estos crímenes contra la vida natural repercu­ten inevitablemente en la salud y en la vida de las personas.

Y todo esto contraría los planes de Dios. El quería que la tierra fuera habitable y acogedora para el hombre. Por otro lado quiere que las personas le ayude a conservarla y mejorarla. (Génesis 1.28).

El cristianismo no puede desentenderse de los problemas ecológicos. Por amor a sí mismo y a Dios Trino, creador de la na­turaleza, debe experimentar la urgencia de detener el asesinato de la vida natural y de los hombres que habitan en ambientes corrom­pidos.

Hemos visto algunos detalles sobre la ayuda que la psicología y algunas otras ciencias nos ofrecen para acercarnos a la naturaleza y al mundo en general. Esto coincide con lo que una vida espiritual nos aconseja de acuerdo a los planes de Dios. Algo que le interesa más a Dios es el amor al prójimo: Pero el amor al prójimo es imposi­ble sin una buena relación interpersonal. Veamos, pues, lo que la psicología nos dice al respecto.

RELACIONES INTERPERSONALES

La psicología contemporánea, especialmente en las corrientes existencial y humanística, tiene plena conciencia de la importancia de las relaciones interpersonales auténticas. Sabe muy bien que el camino para el cambio hacia la madurez personal es una buena relación humana.

La persona no logra crecer como tal; en base a ideas, propó­sitos o proyectos. Necesita del otro, de un tú, visto como "tú" y no como "ello" u objeto.


La evidencia de esta realidad, todas las corrientes terapéuticas van valorando, más y más, el valor de la relación personal cálida e incondicional.

Para compartir de persona a persona yo necesito estas aptitu­des:

A) Autenticidad ("Congruencia")

Esto significa que la persona que desea lograr una buena rela­ción debe-ser genuina en sus manifestaciones. Es decir tiene que qui­tarse las máscaras y mostrarse como realmente es.

Evidentemente, para poder tomar esta. actitud, la persona necesita ser "consciente" de lo que realmente es. Y comunicará su ser en la medida que resulte conveniente u oportuno en relación con el interlocutor.

Pero, no basta con saber lo que se sienta, se piensa, se expe­rimenta y se es. También es necesario aceptarse tal cual. Entonces sí será posible mostrarse auténticamente a los demás de acuerdo con la conveniencia del momento.

Lo mismo vale cuando la persona experimenta sentimientos de luz o sombra. Unos y otros pueden resultar amenazadores o pe­ligrosos para el otro. Es entonces cuando hay que calibrar y medir el alcance de nuestras manifestaciones.

Se comprenderá que no es posible saltarnos de la INAUTENTICIDAD a la que nos ha acostumbrado la sociedad, a la autentici­dad libre y cristalina. Es inevitable que pasemos antes por gestos impropios o exhibicionistas. Además, no confundamos la in autenticidad con la hipocresía. En esta hay intención de engañar y en la primera se quisiera ser lo que no se es. Por ejemplo, yo quisiera sentir tristeza ante la muerte de un desconocido pero no la siento. Y me pongo la máscara de gestos tristes tratando de acercarme a sus familiares

B) Empatía (es sentirse dentro del otro), Amor a la presencia del Creador (en alguna forma) en lo íntimo de mí. Juan 14,23.

La etimología de esta palabra nos sugiere una dinámica espe­cial que nos permite "sentir" "en ' o "dentro" del otro.

Más técnicamente la empatía designa la capacidad para lograr una cuidadosa comprensión del mundo privado del otro, Implica la habilidad para percibir el mundo del tú desde el marco de referen­cia que el tú está adoptando en un momento concreto.

De esta manera, cuando el mundo riel otro es claro para la persona, existe la posibilidad de ayudar al otro a captar con claridad detalles que para él mismo son poco claros. Desde luego, la compren­sión enfática difiere enormemente de los juicios críticos que ordina­riamente recibimos de los demás. Y la clave está en que la empatía se presenta como la impresión o reacción que la persona experimenta ante los datos ofrecidos por las conductas del otro. Por tanto, no cabe la posibilidad de afirmaciones tajantes acerca del interlocutor. Más bien se prefirieren las afirmaciones, hipotéticas. "me parece", "yo creo", "yo siento", "me imagino", lo que percibo", "mi impre­sión es" etc. O sea, que la persona se responsabiliza de lo que ella capta del otro, sin pretender dogmatizar acerca de lo que el otro es.

Para que sea posible mantenerse en esta actitud respetuosa y sincera a la vez, se requiere una aceptación plena de los demás.

C) Aceptación incondicional

De niños nos topamos con gentes que nos aceptaban pero sólo en forma condicionada. Al menos eso nos daban a entender. Si no eres travieso, si estudias, si no te sales a la calle, si no frecuentas tal amigo.... Y como al mismo tiempo experimentábamos gran necesi­dad de afecto, aprendimos a ceder, Acabamos por adaptarnos al pun­to de visto ajeno con tal de recibir cariño.

Esto nos hace perder confianza en nosotros mismos. Nos tornamos dependientes .Olvidamos los puntos vista mío, para recibir una pizca de cariño.

Más concretamente, la aceptación incondicional lleva una fuerte dosis de afecto, cariño, calor y apertura para el otro, indepen­dientemente de las conductas que pueda estar realizando. en un determinado momento. Y a todo esto en forma tal, que no excluya la posesión afectiva del otro. Al mismo tiempo que se acepta exacta­mente lo que el otro está experimentando: amor, odio, rebelión, pasividad, desesperación, ira, etc.

"Eso significa una forma de amor para la persona tal y como es, aclarando que nosotros entendemos la palabra amor como equi­valente al término teológicos: ágape".

Por último, habría una cuarta condición: que el otro capte con claridad mis actitudes de autenticidad, empatía y aceptación incondicional.

La Realidad presenta un carácter masivo: vacío, soledad. mie­do, ansiedad, agresividad sin objetivos, en una palabra, insatisfacción generalizada. El vacío nace del sentimiento de impotencia de que es poco lo que podemos cambiar en nuestra propia vida y en la socie­dad, y, finalmente, de que nada es importante. La soledad expresa la pérdida de contacto con la naturaleza y con los otros, en términos de amistad y ternura: falta de coraje para el compromiso, el miedo es fruto de las amenazas objetivas a la vida, al trabajo, a la sobre vivencia colectiva del género humano.

La ansiedad tiene su origen en el miedo imaginado, la ignorancia acerca de lo que conviene hacer, en quien creer y qué esperar; cuando la ansiedad se posesiona de toda una cultura significa que toda ella se siente amenazada y pre­siente su fin próximo. La agresividad sin objetivos, revela la ruptura con las normas de contención sin las cuales una sociedad no se cons­truye ni, se defiende; pone de manifiesto la anomia y la pérdida de Sí mismo.

Frente a esta realidad el "ágape" se hace presente con todos sus derechos.

Las formulaciones abstractas, aunque sean correctas, no conmueven a nadie, puesto que a través de ellas sólo es solicitada la inteligencia. Como ya lo decíamos recordando las observaciones de Pascal y de SAINT-EXUPERY: "Es el corazón el que siente a Dios no la razón"

y "sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisi­ble para los ojos".

La encarnación es, un misterio de simpatía y empatía divinas, como decían los Padres griegos. Dios se siente atraído apasionadamente al interior de la naturaleza humana. En­tonces, decir Dios encarnado es decir Dios niño que llora. que es amamantado, que sonríe. Es representarse concretamente la vida de Jesús en los cansinos polvorientos de Palestina. sus diatribas entre los fariseos, su convivencia con los apóstoles, su hambre, su sed, su amor por María y Lázaro, su angustia en el huerto de, los olivos, su abandono en la cruz.

"Un tierno sentimiento de compasión lo transformaba en Aquel que quiso ser crucificado".

Por la compasión se busca la identificación con el dolor del otro; es sentirse junto a, sufrir en comunión.

El corazón siente, canta, alaba, vibra, llora, se compadece. El corazón siente el latido de otro corazón. En todo se percibe esta fuerza volcánica del corazón, domesticada, sin embargo, por la penitencia y la cruz.

Pide dos gracias, el dolor y el amor: "Señor mío Jesucristo, dos gracias te pido que me concedas antes de mi muerte: la prime­ra que yo experimente en mi vida, en el alma y en el cuerpo aquel dolor que tú soportaste en la hora de tu acerbísima Pasión; la se­gunda que yo experimente en mi corazón, en la medida posible, aquel amor sin medida en que tú, Hijo de Dios, ardías cuando te ofreciste a sufrir tantos padecimientos por nosotros pecadores".

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